Diario de León

LA 5ª ESQUINA

Turismo y cultura del encuentro

Publicado por
JESÚS ÁLVAREZ COUREL
León

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El deseo de viajar comienza en nuestra imaginación cuando deseamos ver algo más que con los ojos. Viaje y turismo son cosas parecidas, pero diferentes. Mientras que el viaje representa una metáfora de la propia existencia, el turismo es una manifestación de nuestro tiempo, de una época con mentalidad colectiva y de consumo. Pero ese desplazamiento ocioso es algo más que ir de aquí para allá haciendo fotos, ya que nuestro movimiento afecta a los lugares de destino, a su economía, identidad y cultura. Pero los impactos del turismo y las alteraciones que produce en los lugares de destino no son muchas veces objeto de análisis, siendo desechados por un mercantilismo donde todo se distorsiona en aras del llamado desarrollo sostenible.

A la hora de abordar cualquier proyecto turístico, habrá que tener en cuenta no sólo que el turismo en un negocio que suscita el desarrollo económico. Tendremos que pensar primero que para incrementar la actividad turística habrá que disponer de infraestructuras adecuadas, mano de obra preparada para atender a los turistas, disponer de un exotismo diferencial suficiente, etc. La actividad turística requiere hoy de una importante labor sobre el planeamiento y la gestión, pues podemos saber mucho sobre datos estadísticos y económicos, pero poco de los sociológicos que son fundamentales a la hora de planificar una imagen a medida de lo que queremos. Cuando el turismo se masifica, conseguimos el gran salto económico, la milagrosa fuente de ingresos pero a costa de diluir los lazos de comunicación -salvo el meramente comercial-, entre anfitriones e invitados y, por otro lado, los destinos se esclavizan a los ingresos y valores de las hordas de turistas, con lo cual se modifica la escena local, generando un desequilibrio donde se sustituyen los valores tradicionales por el valor dinero. La zona de Las Médulas es un buen ejemplo de esto.

La planificación turística es fundamental para evitar la perturbación entre las demandas de los visitantes y las expectativas de los residentes. Y les pongo un ejemplo. Una aldea rural celebra una fiesta que de pronto se ve invadida por un gran número de turistas. Su reacción ante este hecho puede generar, bien un conflicto de los locales con los foráneos, o bien provocar cambios en la fiesta para adaptarlos a las necesidades de los turistas, con lo que en ambos casos tendríamos un desequilibrio cultural profundo.

Llevo más de una década estudiando el tren turístico del Sil y aun hoy imagino a cien turistas bajando en la estación de Villablino, un domingo cualquiera, y me digo-¦ Había que hacer algo.

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