AL TRASLUZ
Sin enchufes
Se acaban de cumplir diez años de la desaparición del servicio militar. Hice el campamento militar en el Ferral, cuando el 12 a 1 de España- Malta, y el frío que pasé entonces aún me persigue como al doctor Zhivago el «Tema de Lara». Quién me iba a decir que no mucho después iba a regresar a ese lugar, ya como redactor del Diario de León, para informar sobre la jura de bandera de un hijo del ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo. Zapatero no hizo la mili; Rajoy, sí, en Valencia, en el servicio de limpieza, tras enterarse sus mandos de que era registrador de la propiedad, según cuenta él mismo con sorna. A quien esto escribe le vino bien la experiencia de «¿da usted su permiso mi sargento?» Era muy ingenuo entonces y necesitaba aprender verdades de cajón que otros ya nacen sabiéndolas, como cuando recién llegado pregunté a unos veteranos: «entiendo que al electricista le llaméis El Chispas, y al mecánico El Bujías, y a mí El Periodista, pero ¿por qué ese de ahí es El Pedofácil, acaso se emborracha con mucha facilidad? Alma de cántaro. Nunca un mote fue menos metafórico. Aquel zamorano podía él solo interpretar la zarzuela «El tambor de granaderos», del maestro Chapí. El servicio militar terminó hace mucho, pero lo del compañero artillero no tenía licenciatura posible. Terror sonoro. Fuego amigo. La madre que lo trajo.
Desde que las familias no cuentan con tal viaje iniciático de sus hijos, consistente en aprender lo que vale un chusco, hay adolescencias que duran hasta bien entrados los cuarenta. ¡Que vuelvan los quintos!, suplican en algunas casas. Aunque ahora, ingenuidades las justas. Por ello, cuando leo que hay funcionarios de la administración autonómica que son cargos electos y que apenas pisan por sus puestos de trabajo, pese a cobrar los dos sueldos, ni siquiera arqueo la ceja. Sin embargo, admitamos que hay justos y pecadores, para no caer en injusta generalización. Este tema sí que es una caja de los truenos y no el trasero de El Pedofácil. Hay quien dice que con la ley en la mano se les puede obligar a devolver parte de lo cobrado. Con la ley en la mano y con una llave de judo. A algunos sería más fácil obligarlos a repetir la mili. Eso sí, sin enchufes.