editorial
Semana histórica que León debe aprovechar
El 9 de noviembre de 1863, a las 13.35 horas, llegó por primera vez el tren a la estación de León. De eso hace 148 años y ya entonces se hablaba por estas tierras leonesas de ganar tiempo al futuro y de aprovechar el revulsivo que para la provincia iba a suponer la llegada del ferrocarril. Ahora, un siglo y medio después, León está a punto de vivir otro momento histórico. Si hace 148 años fue la llegada del primer tren a la estación, el próximo viernes será el paso del último de los trenes por el Crucero y el fin de una barrera histórica que ha lastrado el crecimiento de un barrio y de una ciudad.
Pero la desaparición del paso a nivel del Crucero, como los recién nacidos, viene con un pan debajo del brazo: la llegada de la Alta Velocidad a la capital leonesa. Para eso se estrenará ese mismo día una estación provisional, que permitirá el soterramiento de las vías por la ciudad sin que se interrumpa un ápice el tráfico ferroviario. León, los leoneses, sus políticos, empresarios, sindicatos, toda la sociedad, debe estar a la altura de tan magna obra, para que el tren, que ahora llega con más velocidad que hace medio siglo, no siga pasando de largo por unas tierras que sufren como ninguna la sangría poblacional.
No en pocas ocasiones, y con toda la razón del mundo, los empresarios han denunciado el retraso que sufre León en cuanto a infraestructuras. Un retraso que, según sus mismas palabras, supone un freno a sus empresas. Por eso, estos mismos empresarios deberán estar al quite para aprovechar estas nuevas infraestructuras de las que ahora sí goza la provincia: autovías, Alta Velocidad y el aeropuerto, que languidece sin que a nadie parezca importarle. Y otro tanto se puede decir de las administraciones. La obra del AVE es un ejemplo de colaboración entre los organismos e instituciones de uno y otro color político, un ejemplo que no se está siguiendo en el caso del aeropuerto.
Dijo el filósofo Heráclito que nadie se baña dos veces en el mismo río. A León le van a permitir bañarse una vez más en el río del progreso ferroviario. No puede volver a dejar escapar ese tren.