CON VIENTO FRESCO
La cultura como mito
En la mañana del sábado, el tiempo nos da un respiro y desde las pétreas cubiertas escalonadas de la catedral de Santiago contemplamos a nuestros pies la grandiosidad de la ciudad que se arracima alrededor de la tumba del apóstol. Por la tarde, la lluvia desluce un tanto los imponentes edificios de la Ciudad de la Cultura de Galicia, diseñados por el arquitecto americano Peter Eisenman. El monte Gaiás, a un par de kilómetros, vaciado de sus anteriores curvas y sinuosidades, se va llenado de edificios imponentes de piedra, que reconstruyen la antigua topografía y que se destinarán a la preservación del patrimonio y la memoria, el estudio y la investigación, la produción y exhibición de la Cultura. Se han inagurado este año la biblioteca con 22.000 m², y el archivo de 9.600 m². Otros lo harán más tarde, el centro de la música y las artes escénicas, con 55.000 m², el museo de Galicia de 20.800 m² y alguno más.
La guía explica desde la plaza central todo el ambicioso y polémico proyecto y nos introduce en la biblioteca, ya en uso, pero en la que apenas hay libros y las estanterías permanecen mudas. En el edificio del archivo, aún más desolado en esta tarde gris, varias maquetas muestran los proyectos originales. Una relaciona y compara la vieja y la nueva ciudad, alineadas y separadas por una corta distancia. En aquella, con su forma de vieira, las calles tradicionales, como dedos de una mano, se dirigen hacia la catedral. En la nueva, los viales conducen a los modernos edificios catedralicios. Es cierto, le digo, pero en aquella está la tumba del apóstol y por eso van los peregrinos. Duda la chica; pero aquí estará la Cultura, responde. La tumba de la cultura, pienso, y me viene a la mente que nada ejemplifica mejor que esto la idea de Gustavo Bueno de que la Cultura es hoy la secularización del Reino de la Gracia.
En la vieja Compostela, el descubrimiento de la tumba del apóstol, sea realidad o mito, dio lugar a una cultura cristiana que, con las peregrinaciones, hizo posible la construcción de la catedral y la creación a su alrededor de una ciudad con su vida, sus gentes, sus preocupaciones y creencias; en definitiva una cultura viva que aún atrae todos los años a miles de personas por razones de fe, algunas por turismo. En la nueva Compostela, un nuevo mito, el de la Cultura -secularizada pero no menos mitificada- busca atraer hacia la nueva tumba, tan ostentosa y faraónica, a miles de visitantes que acudirán con renovada fe a gozar de la Gracia, por supuesto secularizada pero no menos prodigiosa. Sólo atravesar por sus puertas quedarán impregnados, sin el menor esfuerzo, por la Cultura que, como la Gracia santificante curará sus naturalezas heridas y transformará al hombre en una nueva criatura: lo hará sin esfuerzo más culto.