Diario de León
Publicado por
RICARDO MAGAZ. profesor de fenomenología criminal
León

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Estos días podemos leer en los medios de comunicación cómo algunas bandas de criminales actúan en España. Las imágenes tomadas por las cámaras del hospital 12 de Octubre muestran a varios asesinos a sueldo entrando en los pasillos del centro sanitario madrileño para acribillar bajo precio a un hombre que se hallaba ingresado, al que finalmente mataron a tiros. La Audiencia Provincial de Madrid juzga por ello a siete acusados. En estas mismas páginas de Diario de León ya escribí sobre el tema hace unos años. Entonces estime, conforme a la Memoria de la Fiscalía General y de estudios de la Sociedad Científica Española de Criminología, que este fenomeno de violencia extrema llegaría, tarde o temprano, a ser un problema en nuestro país.

Los sicarios, también llamados asesinos a jornal o simplemente matones, son en todo caso criminales por encargo que no dudan en ejecutar a personas a cambio de dinero. A diferencia de los mercenarios que se alquilan a fuerzas combatientes formando parte de una tropa, los sicarios actúan solos y se prestan por asesinato consumado. Se trata de una figura ya conocida por el derecho romano, que reguló su condena penal por la crueldad con que se conducían estos homicidas, mediante lo que se denominó lex Cornelia de sicariis et veneficis (ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores), del año 81 antes de nuestra Era. Es innegable, pues, que la historia se repite cíclicamente.

Ya en nuestra época, y por lo que respecta a España, los principales grupos narcotraficantes y del crimen organizado transnacional hace tiempo que disponen de logística para esta «industria de la muerte». Antes, los verdugos eran contratados allende los mares, de donde venían, asesinaban y se marchaban. Ahora tienen aquí sus «oficinas» de alquiler.

Con frecuencia, la prensa informa de algún nuevo hecho de este modus delictivo importado. No hace mucho, la Policía detuvo en una brillante operación a catorce sicarios y desmanteló las «delegaciones» que sostenían en Bilbao, Madrid y Málaga. Algunos de ellos eran ex paramilitares colombianos que se instalaron en España con pasaportes de Costa Rica, Venezuela, Guatemala y México, países con los que no hace falta visado. Sus tarifas por homicidio efectivo estaban fijadas a partir de 20.000 euros por cabeza. En consecuencia, quienes contratan a un asesino a sueldo, además de carecer de conciencia del mal, incluidos los autores intelectuales, son gente de nivel adquisitivo notable. Los contactos se llevan a cabo fundamentalmente a través de locutorios, bares de entorno marginal e internet.

Según las estadísticas, en España se producen cada año unos 40 asesinatos a manos de homicidas remunerados; la mayoría vinculados con el tráfico de drogas, traiciones entre mafias y rivalidades sociales soterradas. Más allá del territorio literario, caso de la novela La virgen de los sicarios del colombiano Fernando Vallejo, o de la gran pantalla, caso del filme homónimo del director B. Schoroeder, donde nos descubren a los matones como personajes aventureros de género negro cinematográfico, los sicarios reales cometen sus crímenes por dinero y por «aureola» en el hábitat hampón en que se mueven. Generalmente son jóvenes que han malcrecido en barrios deprimidos y con una escala de valores donde la vida carece de importancia y el futuro e nebuloso. No tienen nada que perder. Exactamente, lo que hace peligroso al ser humano.

En cuanto al modus operandi, el sicario se desplaza al lugar de la víctima, realiza un seguimiento de sus hábitos y toma la decisión de consumar el homicidio. Es habitual que dejen pistas falsas que incriminen a cualquier otro delincuente habitual o persona que ejerza de chivo expiatorio y sobre el que hacer recaer la responsabilidad del atentado. También se han acreditado sucesos en los que la muerte de la víctima ha tenido apariencia de accidente fortuito.

Colombia, México, Brasil y algunas zonas del Este de Europa son, estadísticamente, las partes del mundo de donde proceden la mayor parte de sicarios detenidos por los cuerpos de seguridad. Nada es por azar. Nada. Hay una ley natural demostrada a lo largo de los siglos que dice que si algo puede ir mal, ira a peor si no se pone remedio. El derecho romano bien lo sabe. Ad iustitiam per ius.

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