Diario de León
Cristina Fanjul
León

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En tiempos de recesión, lo fácil es vaciar el cesto de la cultura con la excusa de que todo lo que se detraiga de él se invertirá en educación, sanidad, bla, bla, bla. Lo que suele ocurrir, sin embargo, es que ese dinero 'robado' al arte, el cine o la literatura y que -a veces por ignorancia y la mayoría por ignominia- los políticos siempre consideran gasto pasa a formar parte de las partidas del desatino, el pesebre y las prebendas necesarias para mantener un sistema que -"Transición mediante-" nunca ha llegado a ser una democracia real. Ya se lo decían a un naif Clooney en Syriana, la corrupción mantiene nuestro sistema. No voy a mostrarme igual de ingenua; de hecho, estoy en contra de la subvención por un simple principio de higiene democrática, pero creo que no siempre hay que poner por delante de la mariposa a la hormiga. Y, además, muchas veces las mariposas consiguen llenar el cesto con más presteza que cualquier otro insecto. Lo que pasa es que el diablo siempre está al acecho y pronto a utilizar los sofismas con sutileza. Pero, ya saben que no sólo de pan vive el hombre... y eso que esta frase se recitó en medio del desierto. Es cierto que hay prioridades, pero la cultura debería estar entre ellas. No somos hombres porque comemos sino porque imaginamos, inventamos y creamos y porque somos capaces de pensar acerca de nosotros mismos. Pongamos por caso un perro, que siempre es el mismo perro. Sus experiencias no modifican de manera sustancial su proyección en el futuro y mucho menos la de su prole. Sin embargo, nosotros somos capaces de cambiar el destino con las representaciones de la realidad de cuantos nos precedieron. Julio Verne alunizó mucho antes de que Amstrong pusiera un pie en la luna, y Edgar Allan Poe, y Cyrano y Dumas, y... Por eso resulta tan poco edificante que los que gestionan el dinero de todos los que creemos en el poder de la cultura como principal agente de progreso demuestren tan poca sensibilidad. Hay menos distancia entre la civilización y la barbarie de la que pensamos. Todo puede cambiar en menos de dos generaciones. La historia de la humanidad tiene decenas de casos que lo ejemplarizan. No sólo de pan vive el hombre, aunque dé votos.

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