TRIBUNA
Dichos populares y política

Cuando el político se adentra en el mundo de lo popular sin haber conocido al pueblo, es posible que resbale al acercarse. Uno de nuestros políticos dijo hace poco en el Parlamento que se debería de llevar a cabo una política energética «como Dios manda». La contestación fue argumentada con la boutade de que le preguntase a Dios como tenía que hacerla. Como puede apreciarse la respuesta estaba tan fuera de lugar porque o se desconocía el habla popular o quería regodearse con una chanza fuera de tono y de sitio. Como es sabido la expresión «como Dios manda», aun teniendo connotaciones bíblicas y religiosas es empleada por creyentes y no creyentes para referirse a algo que debe de hacerse de modo correcto y apropiado, dentro de las buenas costumbres, de la razón y, si se quiere, conforme a la realidad social del momento, como así quiere el Código Civil (art. 3) que se apliquen las normas.
Es, por tanto, costumbre, referirse a la expresión sin que tenga ninguna connotación religiosa. Y si es costumbre estamos ante una de las fuentes del derecho. Y es aquí donde se entrelaza el derecho con la realidad sociológica o si se quiere una realidad basada en el metalenguaje, esto es, expresiones para explicar el lenguaje, acotar una circunstancia y adornarla con un giro popular, sin ninguna connotación religiosa. Pero si se asimila por el sujeto pasivo de que se trata de una invocación teocrática está llevando al lenguaje político las disonancias personales o, mejor dicho, las acreencias personales. Entendemos que en la política hay que desnudarse de demagogias preuniversitarias y de utopías decimonónicas para situarse impávido a los vaivenes de las ideologías. Hay que olvidarse de la líbido dominandi - tan común en nuestros políticos de hoy- y empaparse de la buenaventura comunal y sus propios ancestros, esto es, de sus decires.
No podemos olvidarnos de las palabras, porque ellas nos llevan a las relaciones humanas y al propio derecho, por lo que muy bien se dijo ya en la Ley de las Tablas: «Según las palabras pronunciadas, así será del derecho». Aunque existan dichos y palabras que sean antiguas o puedan parecer antediluvianas, aciertan en numerosas ocasiones. En nuestro Código Civil, aparece con frecuencia la expresión «buen padre de familia».
Naturalmente que es un concepto cambiante y, por ello, indeterminado, pero nuestros tribunales lo han atemperado y situado en la realidad social de cada momento. Así se tiene dicho, por ejemplo, que la diligencia de un ordenado empresario y un representante leal es el paradigma de «un buen padre de familia»; o quien evita perjuicios ajenos, quien debe de comportase como un buen padre de familia; lo mismo que se le exige al médico que además tener presente la diligencia de un buen padre de familia, debe de tener presente la denominada lex artis. Es imposible alejarse de Dios en el habla coloquial, incluso en nuestro cancionero leonés tenemos algunos ejemplos: «Viva Dios que nunca muere/ y si muere resucita/viva la dama que tiene/la cintura delgadita».
Quien no sea creyente puede encontrar al gato todos los pies que quiera: relacionar el sexo con Dios, mezclar el amor mundano con el divino, etc. Pero lo cierto es que el dicho popular se acerca al Dios eterno, a la creencia, en fin. Por eso, entendemos que si no es por la creencia se debe de tener respeto por la razón social .No hay que mezclar la deidad con la política, como acertadamente se dice en el Evangelio cristiano. Cuando esto ocurre, le pasa como al personaje de la admirable novela de Agustín de de Foxá («Madrid de corte a checa») que decía en el Ateneo: -«Ha acabado la votación, se niega la existencia de Dios por una mayoría de siete votos»-; y si no se tiene alguna cosa más importante que nos llene el intelecto se apela a que se pregunte a Dios por el sistema energético. A pesar de todo, el oresidente del Gobierno dijo después de dar una serie de datos que si ello no era cierto que «venga Dios y lo vea». Algo hemos avanzado, para uno se le niega que se hagan las cosas como Dios manda , pero para los que mandan se invoca a Dios como testigo.