Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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S i los leoneses fuéramos andaluces, valga la paradoja, el conjunto escultórico de Eduardo Arroyo tendría ya mote y chirigota. Aquí somos de retranca retardada. El arte público se presta a ella, independientemente de la calidad artística de la obra, pues comentarios jocosos provocaron en su día tanto Botines como la nueva Basílica de la Virgen del Camino. En León, la rechifla toca otros palos que la de los andaluces, inventores del gracejo, santo grial de humor espontáneo. Por ello Arroyo, en quien se combinan seriedad e ironía, pues nunca han sido sabores incompatibles, salvo para quienes no saben cocinarlos, se ha negado a ser él quien bautice a su obra: -œ«Al final son la gente, los leoneses, los turistas quienes titulan. No tengo nada que decir sobre su nombre-. Tiene razón, ya habrá bautizo popular. Pero por las primeras impresiones, ha sorprendido que el unicornio de la Plaza de Puerta Castillo sea expuesto colgado de una grúa, como si fuese un jamón. El artista dice que le gusta así. Pues amén. Sobre las moscas, ya escribiremos otro día.

En la Antigüedad se creía que el cuerno del unicornio servía de antídoto contra cualquier veneno. Y fue considerado el viagra del Medievo. Supercherías aparte, los pilares del mito son de gran belleza, sobre todo a partir de la impregnación cristiana, que lo vinculó a la pureza, pero también a que la captura de este animal implicaba una traición. Unamuno anheló que partiéramos en busca del sepulcro de Don Quijote, otro lugar mítico, que no existe pero está. Nos extraviamos por el camino, pero ahora los leoneses hemos encontrado un hueso de unicornio. Alonso Quijano y el rey Arturo estarán felices por el hallazgo de la reliquia. Excalibur ósea.

¿Gustará tan personal representación del animal mitológico? Los criterios de bonito y feo en arte no son los mismos que empleamos para designar a, por ejemplo, Miss Sevilla. Alguien me apostilla que los unicornios no tenían ese color. Le contesto con pregunta: -œ¿Acaso no era blanco el caballo negro de Santiago?-. No sé cuándo, pero iremos de bautizo. Aquí no somos andaluces, pero poniendo nombres, no tenemos rival. Solo hay que echar un vistazo a las esquelas. Casi mejor que se lo pusiera el padre.

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