Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El señor Tamargo, presunto comprador de la Cultura, no está ni se le espera. Tomó las de Villadiego, localidad burgalesa que a los leoneses nos pilla algo a desmano. Ha estado mareando una perdiz q ue ya se mareaba sola. Al vicealcalde Javier Chamorro se le está culpando injustamente de tal «espantá», pero hizo lo que pudo y no figuraba entre sus obligaciones políticas retar a duelo al empresario asturiano, tras su mutis. Pedirle a alguien que compre un equipo con tantos problemas económicos viene a ser como proponer a un moribundo que adquiera el Espasa, aunque sea en su edición abreviada. Sin embargo, ¿qué distingue a la mirada del lince sino su capacidad para otear antes y desde más lejos? Sin riesgo empresarial, no hay logros. Pero con la crisis, triples mortales con el dinero-¦ los justos. Sea como sea, León quiere a esta Cultu surrealista, capaz de victorias memorables y de derrotas estridentes, de perder Waterloo y de ganar las Termópilas. ¿Se la habría seguido queriendo de haber perdido ante el Oviedo? Sí, son ejemplo de ilusión y sacrificio. El equipo necesita un Danny Rose, aquel entrañable manager de artistas de segunda b, ideado por Allen, siempre fiel a su elenco de representados imposibles, que incluía a un bailarín de claqué con una sola pierna y a un hipnotizador incapaz de despertar a sus hipnotizados. Un lince sigue siendo un lince aunque lleve gafas.

El Oviedo marcó primero, y ese susto inicial se convirtió después en metáfora sobre la vida: nunca hay que desesperar. Hasta el final todo es posible. ¿Incluido que el Madrid gane aún la liga?, preguntará un culé con ganas de incordiar, por no faltar a la costumbre. Entre el pesimismo paralizante y el optimismo kamikaze hay zonas intermedias. Lo mismo ocurre con la Cultural. Fe hayla, pero urge el empujón de las victorias.

Con el permiso del entrenador Monteagudo, los jugadores fueron asesorados por Germán González, eficaz fontanero de ánimos con goteras. Resultado: 4-1. Mano de santo la de este experto en motivación y liderazgo, que no psicólogo, en quien se combinan el corazón de Danny Rose con mirada de lince leonés. Sólo queda que aparezca un empresario serio que crea que, a veces, dos y dos suman cinco. Vale.

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