EL AULLIDO
El mago
N o siempre los arrebatos de irrealidad son producto de la locura: a veces, como bien nos ha enseñado el novelista Michael Ende, son esa sal de la vida que nos libera del aburrimiento y la normalidad. Y es que escribir sobre política en tiempos preelectorales tiene algo de obligación sacerdotal, pues me resisto a creer que ni las plumas de espíritu más denodadamente masoquista lo hagan por devoción. Pero ciertamente a veces es difícil resistirse cuando un candidato, mediante el redoble de trombón de su irrealismo, apela provocadoramente a nuestra imaginación.
En efecto uno de los candidatos a la alcaldía de la ciudad de León, el señor Emilio Gutiérrez, acaba de prometer -y ha debido decirlo sin que se le mueva ni una ceja- que pretende bajar el IBI un diez por ciento sin que se resientan ninguno de los servicios municipales financiados con el maltrecho presupuesto público. Y ha añadido con misterioso laconismo que llevar a cabo tal promesa es algo tremendamente sencillo, chúpate esa mandarina... Esto, señoras y señores del jurado que sí saben contar con los dedos, equivale a decir que va a restar ingresos de su única nómina sin que su sueldo sea menor: he aquí una afirmación tan imposiblemente maravillosa que nos da una dimensión nueva sobre el candidato Gutiérrez.
Así las cosas lo cierto es que acabamos de leer esas fabulosas declaraciones de tan imaginativo aspirante, reparamos en la fotografía que acompaña al titular, y concluimos que detrás de su aséptico aspecto de hombre gris de dicción gris pelo gris y chaqueta americana gris debe esconderse la ambigua y compleja identidad de un mago. Sí, ese candidato siempre vestido como un hombre de la novela Momo, acaba de confesar en público que conoce el secreto que posibilita multiplicar los panes y los peces, lo cual debe de ser un truco que se aprende en primer curso de la licenciatura de magia.
Nos agrada pues que en la película neorrealista de la política leonesa haya venido un candidato Harry Potter a llenarlo todo un poco de magia y efectos especiales, pues estábamos ya un poco anestesiados por lo realista.
Gobernar es gestionar lo que hay, pero la campaña electoral se lleva mal con el realismo y lo posible, y bien con el ilusionismo y con la magia. Por eso resulta tan contradictoriamente divertido ver a un político con aspecto de notario decir en precampaña que tiene una varita y una chistera para convertir las palabras en dinero, y el agua en vino, y la colacola en pepsi.
Hay un cachondo y un mago dentro del hombre gris...
Celebramos saberlo por el bien del espectáculo.