Las contradicciones de Lancia
Si algo se extrae de la polémica surgida a raíz de la última decisión de la Comisión de Patrimonio sobre Lancia es que las cosas se podrían y se deberían hacer mejor. No es la primera vez, ni será la última, en la que se producen colisiones entre la necesaria y exigible defensa de nuestro patrimonio y la ejecución de las obras públicas que pueden afectarlo. Lo que debiera contemplarse en el terreno de la normalidad, por más que a veces haya cuestiones muy complejas, se convierte a veces en un desencuentro en el que el perdedor siempre es el mismo: el ciudadano que debe afrontar los retrasos y los costes añadidos.
Es comprensible la irritación que destila el comunicado remitido ayer por el Ministerio de Fomento al recordar que en enero del 2008 la Comisión Territorial de Patrimonio informó favorablemente las obras de la autovía de León-Valladolid a su paso por el yacimiento y sea ahora, tres años después y con el proyecto avanzado, cuando aparece de nuevo Patrimonio con una decisión que obliga a paralizar el proyecto. Poco engrasada está la maquinaria burocrática para propiciar estas contradicciones y estas dilaciones en un proyecto de semejante importancia. Si además se recuerda que ya en el 2004 se advertía por parte de los técnicos que el lugar era susceptible de aportar hallazgos de gran significación histórica, todavía se comprende menos este penoso recorrido. La coincidencia con las próximas consultas electorales enturbia aún más un asunto que lleva camino de una creciente y estéril politización.
Lo que parece inevitable es que el proyecto va a sufrir un retraso más que considerable que se sumará al ya acumulado por la crisis económica. Fomento vaticina que este retraso será de «al menos cinco años» lo que sitúa en un horizonte muy incierto la culminación de esta obra sobre la que parece pesar un extraño gafe. Se desconoce si quedará la suficiente cordura como para recomponer con inteligencia esta difícil encrucijada que va a dar todavía mucho que hablar. Lo que mal empieza mal acaba. Y ahí estamos