LA SEMANA
Lecciones políticas de la Copa del Rey
La final de la Copa del Rey -y algo de Copa de Shakira, a la vista de la realización televisiva pendiente de ella- nos dejó algunas lecciones de civismo y convivencia que ojalá se aplicaran los políticos enzarzados en la agria campaña electoral.
Es raro a estas alturas que Rubalbaca y Rajoy, fervientes madridistas, no hayan celebrado la victoria de su equipo en sus mítines. Será que se impone la prudencia. Rajoy ya lamentó hace varios veranos una eufórica frase suya en la que definía al Real Madrid «como el equipo de todos los españoles», a propósito de un amistoso que jugó en Santiago. Y Rubalcaba, que aspira a votos del Barça, del Depor, del Betis e incluso del Bilbao, habrá reservado sus chanzas en privado para el culé Zapatero. Y para Carme Chacón.
Fue el nuevo Delegado del Gobierno en Galicia, el socialista Miguel Cortizo, el que abrió el partido político-"deportivo: «La críticas constantes de la Xunta a los plazos del AVE gallego suenan como la obsesión de Mourinho con los árbitros». Le replicó Núñez Feijjóo acusándole de tensar la relaciones entre Santiago y Madrid. Pero hay que admitir que la frase de Cortizo es mediáticamente afortunada. Es gráfica, popular y oportuna. Todo el mundo sabe que Mourinho acusa sin sentido a los árbitros cuando pierde y pocos entienden que no se dé respaldo político, en favor de Galicia, al tremendo riesgo político que ha asumido el ministro José Blanco al empeñarse en concluir el carísimo AVE gallego en una época en la que se recorta todo, porque no hay más remedio, en el resto de España. La crítica con sentido al AVE gallego la aporta el profesor vigués Antón Costas cuando defiende que «mejor sería velocidad alta que alta velocidad, para así utilizar esa vía también para mercancías.»
Políticos, entrenadores y algunos tertulianos tensan irresponsablemente la situación pero la lección de serenidad la dieron en Valencia el miércoles las dos aficiones contendientes. Cierto que la organización de la Federación y del Ayuntamiento de Valencia fue magnífica -división territorial en el campo, carpa para cada afición a cada lado del estadio, etc.- pero también se vieron muchas parejas -él del Madrid, ella del Barça o al revés- y grupos de amigos mezclados. Ni un incidente relevante -siete detenidos pero antes el partido- a pesar de los ultraderechistas y los independentistas que se hicieron notar por sus cánticos y banderas. Y algún extremista por increpar a Durán Lleida. Alex Grijelmo, presidente de la Agencia Efe y madridista confeso, respondió así a nuestra deportiva felicitación: «Ha sido un partido de dos colosos. Gran imagen de España para 140 países».
Justo lo contrario que en la campaña electoral. Por arriba no se duda en utilizar el terrorismo y los errores o negligencias judiciales -"como la excarcelación del etarra Troitiño-" o se degrada el lenguaje: del excelente comunicador Esteban González Pons cabría esperar alguna declaración más ingeniosa que llamar «chorra», «payasete» y «ridículo» al ministro Blanco que no dudó en aprovechar el desliz de Aznar -nunca se puede decir la palabra «amigo» en política internacional y menos si se habla Gadhafi- para sacar partido sin conmiseración. Por abajo, a pie de ayuntamiento, imitando a las cúpulas, todo vale para rascar algunos votos.
«Sorprende la movilización de la militancia que llena los mítines», admite Antonio Hernando, responsable municipal del PSOE. Quizás temen una debacle y quieren evitarla, o limitarla. Pero en el PP lo más relevante es el esfuerzo de algunos presidentes de Diputación -el de Pontevedra entre otros- que han movido incorporaciones a sus listas de candidaturas independientes, o pequeños partidos, en localidades donde el resultado está en el aire, para asegurarse su continuidad. En las elecciones locales y regionales del 22 de mayo también se juega una final muy reñida. En las formas ya ganó el fútbol a la política. A tomar nota.