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PEDRO VICENTE
León

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De aquí al 22 de mayo no habrá día en el que no nos desayunemos con algún sondeo de intención de voto. Los últimos publicados volvían a confirmar la brecha electoral abierta entre PP y PSOE tanto en unas hipotéticas elecciones generales como en torno a los comicios autonómicos del próximo mes.

Vaya por delante mi escepticismo sobre este tipo de estudios. No por nada en particular, sino porque la experiencia demuestra que estos vaticinios demoscópicos raramente coinciden con los resultados electorales reales. Aciertan como mucho en el trazo grueso, pero cuando descienden al detalle las pifias están a la orden del día. Predecir que en estos momentos el PP ganaría unas elecciones generales es casi tan fácil como pronosticar que el F.C. Barcelona va a ganar la liga, algo que ni el más acérrimo de los madridistas pone en duda.

Lo mismo puede decirse respecto a las elecciones autonómicas en Castilla y León. Que el PP va a revalidar su mayoría absoluta es algo que nunca ha estado en duda; la única incógnita consiste en saber si incluso incrementará la diferencia de escaños respecto al PSOE. Dos recientes sondeos han augurado ese incremento, atribuyendo a los populares su mejor resultado histórico en las Cortes de Castilla y León, en tanto que los socialistas sufrirían una debacle electoral similar a la de 1995. Por mí estos sondeos tan previsibles, que no hacen otra cosa que constatar lo que todos intuimos, se los podrían ahorrar. Lo que ya estoy echando en falta son las encuestas sobre las elecciones municipales en los ayuntamientos a priori más reñidos, como el de León capital y el resto de los municipios importantes con alcalde socialista (Palencia, Segovia y Soria), así como algunos gobernados por el PP sin mayoría absoluta (Zamora) o con ella pero con nuevos elementos en la escena electoral (Ponferrada). Eso ya no es predecir quién va a ganar la liga, sino quién va a marcar los goles decisivos para pasar a la final de la Champions.

Ahí les quiero yo ver elaborar los platos a los «cocineros» de las casas demoscópicas. En plazas en las que concurre toda una sopa de letras, como sucede en León, Ponferrada o San Andrés del Rabanedo. Ahí tienen tajo. Y no solo para acertar qué candidaturas minoritarias conseguirán representación y cuáles no, cuestión relativamente fácil. Más complejo es averiguar en qué medida afectará ese fraccionamiento del voto (porqu e todas las listas, aunque no obtengan ningún concejal, tendrán votos) a los partidos que integran los actuales consistorios. Y ya será para nota predecir de qué lado caerán, Ley D´Hondt mediante, las últimas concejalías, que por cierto pueden ser decisivas en el caso más que probable de que nadie logre mayoría absoluta. Aquí les quiero ver.

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