Un día para la reflexión
Junto a los datos del desempleo que sitúan a España en el horizonte de los cinco millones de parados -”36.500 en León tras un descenso de medio millar con relación al primer trimestre del año pasado-” publicaba este periódico un extenso informe sobre el escenario laboral de la provincia que descubría cifras realmente aterradoras, como que el empleo no declarado genera el 28,5% de la economía leonesa y que el mismo ha crecido un 30% en los últimos tres años. Es una situación que, a propósito de la celebración hoy del primera de mayo, invita cuando menos a hacer algunas reflexiones más allá del simple reproche a quienes con su insensibilidad social y falta de talento político han sido incapaces de crear en las últimas décadas en España un tejido productivo sólido que garantice a todos un trabajo y una vida dignos.
Precisamente la ruina del ladrillo, con especial incidencia en nuestra provincia, es en muy buena medida la causa del drama que se esconde tras esas cifras de una economía sumergida tan insolidaria como injusta. Ninguno de los gobiernos que ha tenido este país ha afrontado con determinación el objetivo de acabar con el empleo irregular. En cambio sí han modernizado la Agencia Tributaria y la Seguridad Social, pero siempre con el objetivo orientado hacia los que son más fácilmente controlables que a los verdaderos defraudadores. ¿Y los inspectores de hacienda y de trabajo? ¿Y los sindicatos? Desbordados por la situación y sin margen de maniobra, prácticamente se han limitado a aprobar eres para minimizar las bajas. Ahora piden prudencia ante el plan para sacar a la luz el empleo irregular porque de alguna manera también puede ser un riesgo para la supervivencia de muchos de esos casi cinco millones de parados, de los que más de un tercio son jóvenes de menos de treinta años.
Hoy es primero de mayo, que ya no es la fiesta de los sindicatos pero coincide con el día de la madre, que sí es verdadero motivo de celebración. Y con ella, la de la familia, que ha sido, está siendo, la verdadera hucha, la despensa y el ropero de los caídos en desgracia laboral por el derrumbe de los otros pilares de la sociedad.