Diario de León
Cristina Fanjul
León

Creado:

Actualizado:

Ha sido sin duda uno de los grandes aciertos de la concejalía de Cultura. Leopoldo María Panero dejó hace mucho tiempo de ser un hombre para convertirse en literatura, simple y pura, tanto que, como le decía a Emilio Gancedo, la poesía es lo único que le separa del suicidio, ese paso frío e incomprensible para la mayoría, hijo primogénito de la melancolía al que muchos se aferran para dejar de escribir este libro del frío. Él mismo lo ha manifestado con esa belleza tenebrosa con la que ha teñido su vida: «Como para Mallarmé, la desesperación también ha sido mi Beatriz». En una brevísima conversación telefónica me recitó en francés un verso de Baudelaire: Nous sommes tous plus o moins fous. La locura es una condición humana, igual que el miedo, igual que el terror o la venganza. Antonio Gamoneda hizo una semblanza perfecta de su vida el pasado viernes. «Leopoldo María Panero se ha inmolado por la poesía», dijo. Y es que hay pocos poetas malditos porque para serlo hay que dar la espalda a la luz y aventurarse en el silencio de las entrañas. Poe, Artaud, Bukowski... Panero. A ninguno de ellos les salió gratis la elección. Claro que hay acémilas, cada vez más, pero la vida es como ese baile de los ahorcados del poema de Rimbaud en el que nunca dejamos de sentir la tirantez de la cuerda.

Fue su madre la primera que notó que el poeta precoz quería bailar como uno de esos derviches de la oscuridad, quien -como él mismo reconoce en El desencanto - descubrió que su hijo había nacido para caminar el sendero de la autodestrucción, «para saber (Artaud) que yo soy yo y no todos ellos». Y fue ella la que le condujo a través del submundo de los hospitales psiquiátricos. Fue entonces cuando dejó de vivir y comenzó a sobrevivir gracias a la poesía. Ahora, ¡que ironía! el ayuntamiento de Astorga quiere recomponer las ruinas de la casa familiar, cuando la ruina es lo único que puede describir la vida de todos ellos. Es el el fracaso, la sospecha nublada de lo que pudo haber sido la banalidad de la dicha lo que define a esta saga de prometeos. El viernes paseó por León su perfil de Diógenes delirante, escupiendo poesía y locura, que en su caso viene a ser lo mismo.

tracking