LA ASPILLERA
Promesas
Empieza a haber nervios en los cuarteles de los partidos. El candidato socialista había asumido el riesgo -alto- de colocar el tranvía en el centro del debate pero de repente, en hábil maniobra de distracción, se subió ayer al guindo de las promesas: 5.000 empleos tecnológicos en cuatro años; algo que supera al milagro de la multiplicación de los panes. Y de paso evitamos hablar de otras cosas más perentorias, más crudas.
Las encuestas, unidas a la coyuntura inquietante que se vive en el ámbito socioeconómico, apuntaban a que ésta podía ser una campaña muy disputada. Pero, por lo visto y oído hasta el momento, seguimos transitando por un perfil bajo, más acentuado en los partidos mayoritarios. Se esperaba que estos partidos que, misteriosamente, siguen acaparando todavía la atención de buena parte del electorado, hubieran articulado un discurso, un argumentario diáfano y valiente en relación con los problemas reales de los ciudadanos: la alarmante falta de trabajo, la creciente precariedad laboral, la deficiente integración de la población inmigrante, la falta de oportunidades para los jóvenes, la imposibilidad para tanta gente de acceder a una vivienda digna, el crecimiento exponencial del nivel de pobreza, el desasosiego de no llegar a pagar la hipoteca, la cada vez más escandalosa actitud de los bancos que siguen sin arrimar el hombro para mitigar la crisis y despejar la falta de horizonte a tantas familias y tantos pequeños empresarios...
No necesitamos hoy las promesas desmesuradas de los partidos al uso, sino una especie de «salvation army» que rompa esquemas, que se bata el cobre con audacia y que tenga las narices de asumir el desgaste político que determinadas propuestas pueden conllevar. Pero nadie entre los grandes quiere arriesgar más de lo necesario. En el PP da la sensación de que la consigna que circula es la de ser cautos; bastaría con no cometer demasiados errores. Y en el PSOE están obsesionados con no hurgar en la herida de una crisis profunda sobre la que conviene pasar como sobre ascuas para que no se cobre una factura demasiado onerosa.
Quizá no se aperciban de que la gente está verdaderamente harta. El domingo, los jóvenes indignados saldrán a las calles de León para decir basta. Democracia real, la vida misma, la que huye del markéting y los despachos. Por fin.