CRÓNICAS BERIANAS
Las motos-caca
A veces no necesitamos fijarnos en el calendario ni mirar de reojo las manecillas del reloj para medir el tiempo. Basta una señal, un signo para presentir que algo muda en nuestro entorno. En Ponferrada amanece el otoño cuando la bendita economía sumergida, que algunos se empeñan en hundir pese a los vientos que soplan, logra inundar del aroma acre del pimiento asado en los chambombos de carbonilla y encina el recorrido entre Lazúrtegui y Luis del Olmo. Amenaza el invierno húmedo y atlántico cuando la niebla se posa sobre las aguas del Sil, bajo el puente de Cubelos, y juntas maquinan una especie de ciclogénesis cegadora que es capaz de ocluir por completo la luz del sol manteniendo en penumbra la ciudad durante semanas interminables.
La primavera se asoma mentireira cuando a finales de febrero las flores de los almendros de las laderas de San Esteban de Valdueza o de Lombillo fingen un orgasmo y proyectan su brillo sobre toda la ciudad como refulgentes faros de xenon blanco. Y casi siempre se reconoce al tórrido verano de la Costa del Sil porque algún hijo de la Gran Raposa decide convertir el Pajariel -”cuanto más frondoso más morboso-” en la primera gran hoguera verde de la Noche de San Juan.
Pues bien, en Ponferrada se certifica que es tiempo de comicios porque cada cuatro años, religiosamente, el centro se puebla de las motos succionadoras de excrementos perrunos. Las motos-caca son el melódico wichum-wichum-wichum que preludia siempre a la escena más terrorífica de la película. Lo que el anuncio de El Corte Inglés a la primavera. Y su estúpida presencia encierra algunos misterios diletantes con los que es posible distraer la atención a falta de mensajes políticos de mayor enjundia. ¿Existe más de una moto-caca o es la misma que realiza un recorrido compulsivo? ¿Duermen plácidamente durante cuatro años hasta la llegada de las urnas o la concesionaria las distribuye por turno riguroso entre sus ayuntamientos? ¿Es posible que en la ciudad más limpia de España la comunidad canina experimente una repentina flojera intestinal en justa mímesis con la que padecen algunos candidatos? ¿O acaso son una ilusoria metáfora mecánica de las promesas de los aspirantes? En fin... Habrá casi tantas teorías como las lecturas que los acólitos de otros y unos hacen de cada encues ta publicada.