Diario de León

EL CORRO

Entre cataclismo y derrota dulce

Publicado por
PEDRO VICENTE
León

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Aunque las causas difieren en origen, la actual situación política guarda sin duda mucha similitud con la que rodeó a las elecciones municipales y autonómicas de 1995, celebradas un año antes de la llegada de José María Aznar a La Moncloa. El gobierno de Felipe González se encontraba entonces en fase terminal, asediado por los escándalos acumulados en trece años de gestión y acosado por una oposición implacable. Todo ello le pasó factura al PSOE, que se dejó en las urnas una buena cuota del poder territorial que por entonces detentaba en autonomías y ayuntamientos.

En Castilla y León la victoria del PP en aquellas elecciones del 95 fue aplastante. De la mano de Juan José Lucas consolidó con 50 procuradores (su techo hasta el presente) la mayoría raspada obtenida en 1991, y además de eso consiguió el doble pleno de gobernar todas las capitales de provincia y las nueve Diputaciones provinciales. El PSOE de Jesús Quijano cosechó su peor resultado histórico (27 procuradores), si bien buena parte de su desplome electoral fue aprovechado por IU, que logró nada menos que cinco escaños en el Parlamento Autonómico.

La torpe, errática y errónea gestión de la crisis económica ha minado irreversiblemente la credibilidad del gobierno Zapatero, hoy tan cuestionado o más que aquel terminal gobierno de González. A diferencia de éste último, al actual no le son imputables aquellos graves escándalos de corrupción -lacra infinitamente más presente en administraciones gobernadas por el PP-, pero los casi cinco millones de parados son por sí so los un lastre electoral insalvable.

La cuestión planteada es qué dimensión alcanzará la derrota que le espera al PSOE el próximo domingo. Si llegará al cataclismo que auguran muchas encuestas o el retroceso será más atenuado y podrá tomarse como una «derrota dulce». Los socialistas confían en esto último, esperanzados en la existencia de un posible «voto oculto» que no aparece en las encuestas. (Igual que en otros tiempos a muchos les podía dar vergüenza confesar que pensaban votar al PP, es posible que en estos momentos haya votantes que prefieran ocultar su fidelidad a la marca PSOE).

Para que nadie diga que aquí no nos mojamos, mi particular pronóstico es que en Castilla y León los resultados globales van a estar más próximos a los registrados en 1999 que a los de 1995. La victoria del PP en las autonómicas será muy similar en porcentaje de votos, con la posibilidad inclus o de superar el listón de los 50 procuradores. La diferencia va a estar en las municipales, donde, por muy mal que se le dé al PSOE, el PP no va a repetir ni de lejos la barrida del 95.

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