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PEDRO VICENTE
León

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Era claro que el resultado del 22-M estaba ligado en gran medida a que el electorado orientara o no su voto dejándose llevar más por la situación política nacional que por la labor de los gobiernos autonómicos y municipales. Dicho de otro manera, la clave radicaba en comprobar si los comicios se convertían en una suerte de plebiscito sobre la gestión del gobierno Zapatero, ello en consonancia con la estrategia del PP de convertirlos en unas primarias de las próximas elecciones generales.

El severo castigo electoral infligido al PSOE prueba que, salvo en reductos locales muy concretos, ese enfoque plebiscitario se ha impuesto, causando demoledores estragos en las filas socialistas. Por razones obvias, en León el plebiscito era inevitable. La diferencia era que aquí los socialistas lo afrontaban con esperanzas de ganarlo. Confiaban tanto en el tirón electoral demostrado por Zapatero en las sucesivas contiendas electorales celebradas en la pasada década como en las cuantiosas inversiones realizadas en León desde que llegó a La Moncloa. Se daba la circunstancia además de que el candidato del PP a la alcaldía no era como para tirar cohetes y de que el caladero leonesista parecía propicio para la pesca socialista.

En contra de todos los pronósticos, los leoneses han dado completamente la espalda al partido de Zapatero, que ha perdido en la capital más de la tercera parte de sus votos. Esta debacle, unida a otra no menor de la UPL, explica el espectacular vuelco a favor del PP, que con una subida bastante más moderada que el desplome de sus rivales, se ha disparado hasta los 15 concejales, algo que con lo que no soñaba ni el más optimista. A tono con lo anterior, el PP ha conseguido dos nuevos procuradores, deshaciendo el empate registrado en las anteriores autonómicas.

El resultado es que la cuña roja de León desaparece de un mapa político de la comunidad autónoma que vuelve a ser completamente monocolor. Al tiempo el PSOE pierde el ayuntamiento de Palencia, en las últimas décadas su principal bastión municipal, quedando como máximos reductos socialistas las ciudades de Soria y Segovia, está última gracias al apoyo de IU. (El regreso de IU al Parlamento de la comunidad es la principal novedad que registrará el nuevo hemiciclo).

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No consigue el PP repetir el pleno logrado en 1995, cuando consiguió las nueve alcaldías de las capitales de provincia, pero refuerza su hegemonía en las Cortes de Castilla y León y en las nueve diputaciones provinciales. Y el PSOE cosecha su segundo peor resultado histórico en elecciones autonómicas, dejándose en el trance cuatro procuradores. Todo ello, después 24 años de gobierno del PP en la comunidad, es como para hacérselo mirar.