editorial
La ineludible 'catarsis' del PSOE leonés
El PSOE leonés reconoció ayer, por boca de su secretario de Organización, Ibán García del Blanco, que es el momento de afrontar una 'gran reflexión interna' en una organización que intenta levantarse poco a poco c omo lo haría un boxeador al que le han arrojado a la lona de un directo al mentón. Sin ocultar la profunda 'decepción' que se vive en el seno de su partido, García del Blanco -que compareció en soledad absoluta ante los medios de comunicación- subrayó la necesidad de encarar sin demoras lo que calificó como una 'renovación ordenada'. Una renovación que, subrayó con buen juicio, no debería leerse como una 'revolución' apresurada sino como un análisis serio y meditado de lo que ha ocurrido y de lo que debe hacerse a partir de hoy para enfrentarse con prudencia al futuro inmediato. La convocatoria de un comité provincial -sin tardanza- sería, en efecto, un paso importante para poner negro sobre blanco ese nuevo modelo de partido que la debacle electoral está reclamando.
Pero esa necesaria, ineludible catarsis, va a depender de la actitud que adopten los hasta ahora rectores del partido en León que, al planear su estrategia, no actuaron ni con la humidad ni con la generosidad necesarias. Y esto se ha hecho evidente, de manera especial, con los candidatos 'históricos' del partido que son precisamente los que, en buena medida, salvaron los muebles en algunas plazas clave como Cistierna, Camponaraya, Fabe ro, Villablino o La Bañeza.
La comparecencia del secretario de Organización no despejó la incógnita sobre la decisión que adopte el secretario provincial y candidato a la Alcaldía de León, Francisco Fernández, de quien sólo se sabe que se ha tomado un periodo de reflexión personal. Pero si importante es esa decisión -que en todo caso no puede esperar mucho- más lo es señalar el nuevo rumbo que va a seguir en adelante un partido que tiene en la mochila doscientos años de historia. Ha fallado la comunicación y se ha echado de menos mayor 'cercanía' al electorado. Pero ya no valen excusas ni lamentaciones. Sólo vale cerrar filas y asumir errores... para no volver a cometerlos.