Estimado amigo Vicente
Estimado amigo, así era como encabezaba los correos Vicente Pueyo, desde nuestro primer contacto, desde el primer momento, como si para él no existieran nombres, como abriendo la ventana diáfanamente a la amistad, y de esa manera, de la misma, destrancaba la puerta del periódico de par en par a las opiniones, a esa otra forma de periodismo que es interpretar criticando o proponiendo, para otro tipo de lectura, las ocurrencias que afectan al transcurrir de la vida social y que se refiere más a conceptos de trascendencia permanentes que a la vicisitud del suceso puntual. La opinión, las tribunas de calidad, la independencia es lo que hace a un periódico diferente más que las noticias que en todos y por todos los medios escuchamos repetidamente desde que encendemos la pera del mecanismo rutinario del día a día, y es en esa expresión del periodismo en la que Vicente colmó con el mejor sentido su trabajo profesional y el éxito editorial de su periódico, a pesar de, como solía decir, «la que está cayendo». Seguramente en su testamento profesional en el viento escrito diga de continuar y, si cabe, mejorar lo ya emprendido, que no muera de repente, por el bien de este León que a forja de impotencias, indignaciones, esperanza y el calor de la familia y los amigos, no siendo de aquí, él tanto quiso.