TRIBUNA
El leonesismo no está derrotado
Hace tiempo que los leoneses hemos dejado de estar activos en el tema autonómico. Esto no quiere decir que los ciudadanos leoneses hayamos olvidado nuestro derecho a tener la Comunidad Autónoma que decidamos.
Precisamente por esto, porque aún tenemos pendiente esta opción y nos adscribieron a la que no sólo no queríamos, sino que repudiábamos, es por lo que UPL llegó a tener voz política popular, la voz de los disconformes leoneses con el trato y la marginación que suponía el escamotearnos el derecho al referéndum, el derecho a la elección del propio estatus autonómico. Debido a ello llegó a aparecer el nombre de Joaquín Otero como candidato en las listas de UPL para las elecciones autonómicas, 1995, y a conseguir un escaño como procurador, con el gran esfuerzo de todos los leonesistas, y, por supuesto, con el ilusionado favor de los votantes leoneses. Allí empezó bien, para finalizar asumiendo lo que de inasumible tiene para los leoneses la comunidad que nos aprisiona. Ahora habla de un supuesto pragmatismo leonesista, eso sí, fuera de la UPL, fruto del desencuentro, por ser suave en la expresión, con la formación leonesista, y todo sin abandonar hasta ayer, con las urnas, el escaño conseguido desde sus filas.
El leonesismo, con la voz política de Alejandro Valderas, UPL, seguirá teniendo representación en las Cortes autonómicas. Y corroborando lo apuntado por éste, se puede afirmar que, quienes compartimos este sentimiento, no necesitamos más, pues no va el leonesismo allí a dar carta de naturaleza al ente, sino a ocupar un puesto reivindicativo en una autonomía a la que fuimos los leoneses adscritos por decreto; y a permanecer expectante a los agravios que no cesan de aparecer. Su expresión 'dar la vara' aun siendo coloquial, no me ha parecido demasiado afortunada. No se puede olvidar, ni aun siquiera obviar en ningún momento, ni hoy ni nunca, a mi entender, que UPL es una formación leonesista, actuante como un partido político de ámbito regional, estando ceñido éste, de no querer acompañarnos Zamora y Salamanca por derecho propio, a León como reducto de la región que lleva su propio nombre.
Hay una gran diferencia entre un partido regionalista, con sustrato leonesista, que se puede mover ambiguamente en los campos ideológicos, asumiendo el pertinente rol social y económico; y una formación leonesista de ámbito regional, fundamentada en este sentimiento, precisamente el que une a su militancia. A UPL la veo en este segundo supuesto, teniendo hoy por hoy su razón de ser por el agravio comparativo autonómico que se ha inferido a la región leonesa; y con voz en las Cortes, tratando de controlar los intentos de anulación de lo leonés, con injerencias históricas, culturales, que, bien orquestadas, parten del ente autonómico. A esto se debe oponer con denuedo, por supuesto sin olvidar los social y económico que desde el ente nos pertenece.
Nuestro espacio, el de los ciudadanos, está controlado por los políticos que hablan por nosotros, desde lo más básico a lo más trascendental; tal parece que con el acto que justifica la llamada democracia: las elecciones, se arrogan todo el poder. Se erigen en protagonistas, somos borrados, nos anulan; la conexión con la ciudadanía, en puridad, es tan escasa como ineficaz. No es bueno para los leoneses querer desconocer, o tratar de soslayar en función de no sé qué pragmatismo, que en el ente que nos está tocando sufrir, desde el avieso fondo de la imposición comunitaria, una selección de elementos pensantes, siempre en línea, intercalando mensajes, dominando estamentos, controlan todo, en pos de consolidar un superpoder autonómico castellano que anula lo leonés.
No es una visión deformada o catastrofista, ni siquiera victimista, desde el momento y hora que intentan que los leoneses y los castellanos nos comportemos como un solo pueblo, sin respetar, en nuestro caso, la propia cultura leonesa, y que además asumamos que formamos parte de una colectividad uniforme. Una dañina uniformidad incluyente aferrando a un León despersonalizado.
No quedaría todo esto equilibrado si no añadiera que UPL en su rol político ha venido teniendo desde sus orígenes comportamientos demasiado localistas, municipalistas si se prefiere, en especial en la capital. Ha tocado poder, aun cuando fuera por mor de alianzas o pactos, y esto la ha llevado a descuidar el sentimiento leonesista, perdido entre personalismos. No es que no lo hayan citado o alardeado de serlo, es que, encelados en luchas internas, desde que se tocó poder, algunos se olvidaron de practicar una verdadera pedagogía leonesista.
Y en el campo autonómico, desde el desencuentro UPL-Farto-Otero para acá, nos hemos ido agotando. Entre personalismos y consignas, se nos fueron las glorias que endulzaban las mieles de supuestos éxitos. Y aquí me incluyo a pesar de haber sido muy corta mi participación activa en la formación. Pero aunque el leonesismo, o si se prefiere el ser leonés, como sentimiento es imperecedero, y el ente nunca nos lo podrá arrebatar, pues está en el alma del pueblo leonés, se debe poner en valor en los leoneses desde la escuela, allí donde actúa ya el ente autonómico.