Diario de León
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LUIS ARTIGUE
León

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Decía el escritor en su día desterrado de León Francisco Umbral que los políticos ultrajan más la cultura que Ana Obregón a María Zambrano. Es ya una cita de la casa de citas con socarronería del autor la cual, lo reconozco, con frecuencia recuerdo pero no suscribo porque, en lo referente a ese mundo necesariamente distanciado de los matices que es la política, no es justo generalizar.

Sin embargo lo primero que observamos tras tomar posesión -tomar posesión, que expresión tan lúbrica- el nuevo alcalde, y tras adscribir luego a sus concejales a las correspondientes áreas, es que no habrá ya en el Ayuntamiento de León ninguna Concejalía de Cultura, sino sólo una Concejalía de Cultura Leonesa.

Puesto que estoy inserto en la cultura leonesa, me siento deudor de ella y la defiendo siempre que puedo no soy susceptible de injuriarla si manifiesto la opinión de que establecer una enojosa equivalencia entre cultura leonesa y cultura sienta las bases para luego regular por ley lo de la boina, las madreñas y no arar en domingo: precisamente la cultura leonesa está dentro de la cultura y no al revés, y eso es tan necesario como que las cosas tengan que ser redondas para rodar.

Convertir la cultura en cultura leonesa, como integrarla administrativamente en ésta, es a mi juicio parecido a pretender nacionalizar el frío de León diciendo que es un frío con particularidades propias, claro, porque aquí nuestro frío ahuyenta a los exhibicionistas de modo diferente que en Groenlandia.

León culturalmente no es una perspectiva desde la que ver León, sino desde la que ver el mundo. Y precisamente el hallazgo más impactante, exitoso y exportable de la cultura hecha por leoneses, como le gusta decir a Alfonso García en vez de cultura leonesa, es su escorada, original, universalidad.

Por ser ésta una tierra con Historia y con historias en la que lo real y lo surreal a veces ni se distinguen, una tierra con luz de increíble belleza y noches largas que facilitan el amor y la delincuencia en la misma medida, sí, una tierra de sobrevivientes acostumbrados a la oralidad apasionada y el costumbrismo fantástico, crea y ofrece una cultura rica en matices la cual se inserta en el gran libro de los matices y las esencias que es la cultura sin apellidos. Una cultura, por cierto, que nos singulariza, nos define y nos enorgullece, sí, pero que a su vez contribuye a definir la condición humana como lo hace siempre lo que aspira a ser belleza y memoria del mundo...

Decir que la cultura leonesa es la cultura se parece a afirmar que una sirena no es más que una sardina con malformación congénita. ¿O no?

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