Diario de León

LA 5ª ESQUINA

El muermo que no quita san Juan

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jesús courel
León

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E n una galaxia muy lejana, los campesinos caminaban desnudos entre los trigales, en el amanecer del día 24 de junio, para empaparse con el rocío. Los enfermos de sarna, o de la piel, se revolcaban sobre la hierba para «coger la rociada» y así sanar. Otros andaban con los pies descalzos sobre los prados húmedos para evitar las enfermedades. Era la noche de san Juan, un tiempo sagrado donde el santo bendice todo lo que hay sobre la tierra. No es de extrañar que las fiestas dedicadas a san Juan fueran las más populares. Si el sentido de la fiesta es crear comunidad, entrelazar afectos para subir el tono emocional de las relaciones sociales, la de san Juan -”o del solsticio de verano-”, es la que más júbilo y veneración despierta entre las gentes de pueblos y ciudades, incluso aunque las atormente Sergio Dalma. Y es que ni siquiera este santo es capaz de levantar el muermo de algunos programas actuales, aunque incluyan actos tan festivos como «León en Harley Davidson» o un «día de la llïngua», una de las propuestas más lúdicas que conozco.

Las hogueras de esta noche tienen raíz antigua y creencias varias, aunque saltar por encima fue remedio especial para evitar contratiempos y frente a dolencias de todo tipo. El etnógrafo vasco, Julio Caro Baroja, nos describe curiosas tradiciones de esa noche, como aquella donde las muchachas tenían que saltar la hoguera sin tocar la llama para casarse en menos de un año. También cita que se pasaban los animales por las brasas, para aspirar el humo que les preservaría de enfermedades como el muermo. En la actualidad las hogueras están prohibidas (por los incendios), así el matrimonio y el muermo forman pareja de hecho-¦

En la Cabrera baja -”pródiga en historias de ambiente erótico y a falta de campeonatos de capoeira-” se celebra esa noche la prueba de la virginidad, haciendo pasar a las mozas solteras por un tronco resbaladizo sobre un río. La que cae al agua ponía en duda, a los ojos de la divertida concurrencia, su condición de virgen. Al pasar de la medianoche, también el bocio tenía curación bebiendo de nueve fuentes. Por Ancares se deja toda la noche un trozo de raíz de genciana en un vaso de agua, para beberlo al día siguiente y así aclarar la voz. Por todo el país, muchos acudían al agua y a los agüeros, para mojarse en ríos, acequias, fuentes y purificarse de dolencias de cuerpo y alma. Dice el refrán que «las riñas de por san Juan, son paz para todo el año» que nos recuerda que hay que hacer riña y porfía al principio para quedar descansado para el resto. Y no me refiero a la actividad de algunos ayuntamientos-¦ Había que hacer algo.

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