Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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P refiero hablarles de las piedras. Tienen más nobleza. Prefiero contarles que el castillo de Vega de Valcarce está en ruinas y no hay dinero para restaurarlo antes que volver a llenar esta columna con los nombres de nuestros habituales políticos.

Prefiero hablarles de la calle. Escribir que soy un perro y que ladro y que toco la flauta y que me quejo, porque es mi derecho, pero no soy violento. Si lo fuera, le daría argumentos a la gente de la que me quejo para que emplearan la violencia conmigo y disolvieran mi protesta con material antidisturbios. O para que intentaran manipular la indignación legítima contra sus formas de hacer política asociando el enfado de los ciudadanos que no se conforman con ser ovejas en un rebaño, con la kale borroka y con los cachorros de ETA. Más de uno, deseoso de borrar del mapa a todos los perro-flautas, ya lo ha hecho, tratando de reducir el movimiento del 15-M a la marginalidad de los grupos antisistema, o todavía peor, de los que aplauden el terrorismo.

Prefiero hablarles de la gente que se moja de verdad. De lo bien que funciona la fundación de Proyecto Hombre, donde decenas de voluntarios ayudan a la gente a salir de las drogas. En el último año, han tenido que triplicar sus esfuerzos en León y en el Bierzo, porque cada vez son más las personas que recurren a ellos. Lo que hacen es de verdad. Es un ejemplo de que la voluntad puede llegar donde las administraciones se quedan a las puertas.

Prefiero hablar de gente que se lo merezca y no perder el tiempo desentrañando los cruces de navajas, las zancadillas, las ambiciones, las tradiciones, los bastidores de la política, tan podridos. Por eso, no quiero hablarles del Ayuntamiento de Ponferrada, ni de los que entran y salen en el de Bembibre. Prefiero olvidarme del de Fabero y sus bochornos, y tampoco quiero acordarme del de Cacabelos, todavía mas empozoñado. Prefiero dejar de lado el Consejo Comarcal del Bierzo y la Diputación, por supuesto. Y no tengo intención de hablarles del Gobierno, ni de las primarias abortadas en el PSOE. Como tampoco quiero tocar los trajes de Camps, que llevan veneno.

Nuestros políticos viven en un mundo paralelo. No han entendido nada. No han querido entenderlo. No han querido darse por aludidos. Y a la primera oportunidad han vuelto a caer en lo mismo.

Me aburren, me cansan, me hastían. Ya ni siquiera me indignan...

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