Diario de León

LA QUINTA ESQUINA

En el principio fue el verbo

Publicado por
JESÚS COUREL
León

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Prometo por la miña conciencia e honor respetar e facer respetar a Constitución española», dijo Monteserín al jurar su cargo como alcalde de Balboa. Ese gallego fronterizo, que según sus palabras se extiende desde Villafranca del Bierzo a Becerreá, pasa de padres a hijos como un legado valioso e importante, aunque los jóvenes también quieren cantar el Somebody to love de Justin Bieber. «Hoy está superado, pero de niños, nos reñían por hablar gallego porque era un idioma de pobres», dice el alcalde perpetuo de esta zona labriega, que sobrevive entre la despoblación y las noches mágicas. Masificar y adocenar es tarea de regímenes totalitarios (o autoritarios, que diría algún biógrafo apolillado) cuya premisa cardinal pretende unificarlo todo para abolir la rica diversidad, «asoballar a terra», que diría el escritor gallego Ramón Cabanillas.

Los grandes poetas galaicos del siglo XIX, Eduardo Pondal, Rosalía de Castro y Manuel Curros Enríquez, tuvieron en El Bierzo un precursor de la poesía escrita en gallego, un maragato llamado Antonio Fernández y Morales, que recogía las expresiones de una monumental Villafranca que «con xusticia, oú sin xusticia, tira por ela Galicia, máis Castilla non a solta». Esa lengua, dialecto o fala que, más de un siglo y medio después de la publicación de sus ensayos poéticos en dialecto berciano, suenan aún por los extenuados pueblos del Bierzo, es un maravilloso tesoro que se esconde en el imaginario popular, como aquellos cofres cargados de oro que dejaron los moros en cada aldea de la provincia. En La Chana de Borrenes, donde nació mi abuela Felisa —y en el que pasé muchas temporadas de mi niñez—, aprendí que el `trisugueiro´ era un palito alargado que entraba en el agujero del timón en los arados romanos con los que trabajaban la tierra. Que los garbanzos, con los calores de julio o agosto se `apalambraban´, se ponían mustios. Que se `barraban´ las cubas poniendo una baldosa pegada con barro para taparla por la boca. Que no había `guizo´ de leña perdido en el monte. Que a los recién nacidos los envolvían en un `burullo´ para inmovilizarlos y trasportarlos mejor o que las `muruxas´ eran las hierbas del invierno. También tenía cuidado de no caer en un `cabuerco´ (zanja natural) que había cerca de la casa. Y si había que insultar a uno se le llamaba `alamán, fillo d´un burro´…

Somos de un tiempo y de una tierra, por eso la lengua suele echar sus raíces en la infancia, aunque después la movamos hacia el método Sonimage o el `that´s english´. Tenemos que sacar la lengua, porque nuestro principio es el verbo… Había que hacer algo.

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