EDITORIAL
Buen principio si tiene buen final
Dentro del plan de austeridad marcado a fuego para el nuevo gobierno municipal por el alcalde de León, Emilio Gutiérrez, el Ayuntamiento prevé ahorrar en torno a 2,4 millones de euros a lo largo de este mandato respecto al anterior a base de reducir drásticamente los cargos de confianza y el número de dedicaciones exclusivas para los integrantes de la corporación. En concreto, las dedicaciones pasan de catorce y media a nueve (siete para el equipo de gobierno, una y media para el PSOE y media para la UPL) y los cargos de confianza de veintidós a trece (diez para el equipo de gobierno y tres para la oposición). Es, por supuesto, una medida razonable si efectivamente no afecta a la eficacia en la acción de gobierno y la tutela que deben ejercer quienes fueron relegados a esa función. Y será buena si se aplica con el rigor que se promete y cumple los objetivos cuantificados.
No están los tiempos para dispendios y es evidente que también en el caso de éste y otros ayuntamientos y en general en las instituciones se han producido situaciones de abuso que, con razón, enojan al ciudadano cuando ve al político de turno rodeado de una legión de asesores, comunicadores y guardaespaldas cuya labor carece a veces de la más mínima justificación.