Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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De acuerdo con el plazo fijado por el presidente Herrera, esta semana deberá estar cerrado el nuevo organigrama de gobierno de la Junta de Castilla y León o, lo que es lo mismo, el equipo de altos cargos con el que van a trabajar las nueve consejerías que integran el renovado Ejecutivo autonómico. Al margen de la reducción del numero de altos cargos (el recorte anunciado es del 20 por ciento, lo que supondría dejar en ochenta el centenar anterior), la nueva estructura diseñada ha deparado en el segundo escalón algunas novedades un tanto desconcertantes.

Habida cuenta de que la lucha contra el desempleo constituye la máxima prioridad del programa de gobierno de la Junta, resulta ciertamente chocante que una de las viceconsejerías suprimidas haya sido precisamente la encargada de gestionar todo lo relacionado con el empleo. No es fácil de entender que una viceconsejería creada hace cuatro años -antes de que estallara la crisis- se amortice cuando el desempleo registrado en Castilla y León se cifra en 185.000 parados. Y ello cuando entre los compromisos contraídos por el presidente de la Junta está el de abordar la reforma en profundidad del servicio público correspondiente (Ecyl) y está sobre la mesa la negociación con los agentes sociales un nuevo Plan de Empleo en el ámbito de la Comunidad.

Si había una viceconsejería que se debía mantener, sin duda esa era la de Empleo. Y otro tanto puede decirse de la encuadrada en la antigua Consejería de Medio Ambiente, que ha desaparecido justo cuando su presencia era más necesaria que nunca para visualizar las competencias medioambientales tras su traspaso a la Consejería de Fomento. Ya que han decidido cargarse la Consejería de Medio Ambiente (que no otra cosa supone su integración en la de Fomento) al menos podían haber tenido el detalle de mantener la viceconsejería preexistente. Pues tampoco.

Todo lo anterior sorprende aun más cuando paralelamente se ha mantenido la viceconsejería de Desarrollo Rural, cuyas funciones nunca han estado demasiado definidas, y sobre todo cuando se han creado dos nuevas viceconsejerías de perfil político-burocrático un tanto caprichosas. Eso sí, una de ellas, denominada de Gobierno y Administración del Territorio, ha servido para repescar a la anterior consejera de Cultura y Turismo, María José Salgueiro, quién no ha tenido ningún inconveniente en asumir esa pérdida de rango.

Se veía de lejos que la austeridad, en lugar de adoptarse como un deber permanente en toda coyuntura, estaba siendo descaradamente instrumentalizada como mera pose política. Pero había una cosa aun peor: Que invocándola de ese modo forzado y hueco, se tomaran decisiones que causan más daño que beneficio, dando lugar a los primeros desatinos.

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