Diario de León

LA 5ª ESQUINA

De nuevo Carnicer por La Cabrera

Publicado por
JESÚS COUREL
León

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Si la curiosidad y el ánimo de vencer tópicos fueron una de las principales motivaciones en la vida de Ramón Carnicer, no le iba a llevar la contraria su hijo Alonso, educado bajo un humanismo sin estridencias y con la enorme pasión de sus padres por el lenguaje, aunque el hijo cambiara verbos por encuadres y adjetivos por travellings. Alonso Carnicer Macdermott eligió el audiovisual para contar historias, para reflexionar sobre lo que somos, algo que a su padre le llevó toda una vida y antes que él a otros muchos. Cada uno en su estilo, los tres son herederos de una estirpe de intelectuales honestos que buscan la verdad sin rodeos; que no viven paniaguados a golpe de coyunturas, como los que hoy se declaran indignados cuando antes vegetaban «inclinados» ante el poder para obtener puestos o premios.

Uno de los territorios que marcó la vida de Ramón Carnicer fue La Cabrera, una comarca cuyo atraso y olvido despertó su interés muy pronto, pues existía una situación de injusticia que había que denunciar. En el verano de 1962, partió a descubrir las américas de la miseria -"también de la solidaridad-", mientras otros miraban para las páginas más rancias de la historia pasada (y siguen mirando). Tras la publicación de esta obra, la primera de sus libros de viajes -"con el título: Donde las Hurdes se llaman Cabrera (Seix Barral, 1964)-", se generó una enorme polémica que convirtió esta tierra en la segunda patria de Ramón y que su hijo Alonso heredó en régimen de compromiso, en esa hijuela invadida por las zarzas del progreso que su padre puso en el testamento para el ejercicio literario, o cinematográfico, como entrega permanente sin el adorno de la complacencia.

La vida rural agonizaba y Carnicer se empeñaba en dibujar una razón ecológica que permitiera sostener en pie las aldeas, anhelo que no vio realizado. No se sabe muy bien si aquellas carreteras del progreso se construyeron para mejorar la vida de los pueblos o para extraer la riqueza de sus territorios, pues si habían sido ignoradas por los estamentos oficiales hasta la década de los sesenta, a partir de entonces se explotarán de forma descomunal provocando un éxodo masivo de los jóvenes. Y lo más preocupante fue la pérdida «del ancestral espíritu comunitario, sostén durante siglos de la supervivencia cabreiresa», que dirá Ramón en su Codicilo. Un capítulo más de esta apasionante historia la contará Alonso, tras su viaje a La Cabrera a tomar posesión de su herencia, aquella que nos lleva a la permanente búsqueda del «otro» y que tiene el firme propósito de entender y comprender a los demás-¦ Había que hacer algo.

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