TRIBUNA
Indignados
No parece que, en España, el diplomático francés, escritor y activista del progreso Stéphone Hessel con su libro; «¡Indignaos!» que, al parecer, en nuestro país va camino de vender 400.000 ejemplares haya sido la principal causa para que, grupos de jóvenes se concentrasen pacíficamente en Madrid y otras ciudades españolas, con la consiguiente repercusión en muchos medios nacionales y extranjeros. La Plataforma ¡Democracia real ya! advierte que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros y, a la vez solicita para la sociedad civil el espacio público secuestrado por la partitocracia.
Si en España tenemos una tasa de paro de más del 20/100 (como Sudáfrica).
Si un 50/100 de nuestros jóvenes están sin empleo.
Si en los tres últimos años, en España, han tenido que cerrar 500.000 negocios (pymes y autónomos).
Si en nuestro país, actualmente, existen más de un millón de familias donde todos sus miembros están en el desempleo, es evidente que aquí el paro ha dejado de ser un problema; es un auténtico drama. Es muy frustante comprobar que, sin solución no existe el problema.
Si los políticos continúan con subvenciones insuficientes para que nuestros desempleados puedan tener una vida digna y bombardeando en los medios de comunicación que los impuestos gravarán más a los ricos, parece que no se enteran que las subidas permanentes de la cesta de la compra (como camuflaje IPC) se está produciendo un emprobrecimiento mayor de las clases más desfavorecidas que tendrán que soportarlo, siendo además como un impuesto añadido que, proporcionalmente no afecta a las familias que tienen unos ingresos adecuados. Parece razonable terminar con las subvenciones y hacer planes institucionales que fomenten valores como el trabajo, el ahorro y la inversión: Desarrollo económico y político.
Es verdad que los beneficios sociales son el mayor logro para la sociedad civil, pero siempre que se puedan sufragar los costes. No se puede endeudar una nación sin tener muy claro los límites correctos de ingresos y gastos, evitando que, en ocasiones, se despilfarren los fondos públicos en cuestiones que no repercutan en el bien común y sí en determinados partidismos locales,provinciales, autonómicos y centrales que se deciden en favor de algunos grupos ideológicos afines.
Parece que nuestros políticos ponen más atención en las «constituciones» y en los mecanismos para el control social que en los aspectos competitivos de la realidad política, desarrollando vigorosas ideologías que no buscan más que el éxito de su partido para «americanizarnos teniendo todos espíritu competitivo y una ética del éxito» cuando lo cierto es que para un auténtico igualitarismo, siempre serán los valores de «méritos» relacionado con el sistema educativo; observando con sorpresa como el pícaro desplaza al hidalgo. No es de extrañar que la sociedad civil, en términos generales no crea en los políticos, también términos generales ya que algunos se merecen el mayor respeto. Son los que han promocionado el favoritismo para que haya más ricos y cada vez más pobres. Tampoco se puede ocultar que, desde hace bastante tiempo, la indignación del español sentado ha permitido la politización de algunas instituciones y los políticos quieren vendernos con retórica y foto y entre siesta y fiesta su demagogia partidista, sin querer enterarse que es la negación del buen Gobierno y la prosperidad de la Nación, siendo los ciudadanos víctimas de una larga temporada de imperio del relativismo subjetivista, que ha hecho creer que cualqier opinión era respetable con tal de que alguien la sostuviera.Tienen quecomenzar a tratar a los ciudadanos, no como súbditos y empezar a considerarlos libres, consecuentes y críticos con su actuación. Parece que desean el poder para entrar en nuestra libertad, intimidad y, cambiar si es necesario nuestra vida privada. Se ha terminado el espacio del conformismo; todos sabemos que el conformismo es el poder más destructivo de la dignidad individual y colectiva. Los ciudadanos quieren que la política sea una vocación de servicio y una pasión de nobleza. Decía Platón que el buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a la leyes.
Ha llegado el momento que, al ciudadano se le trate como un adulto y se le reclamen ciertos sacrificios, como una forma de respeto que, desgraciadamente, escasea. Lo que más se pretende transmitir es el paternalismo, la adulación ... todo aquello que desplaza, oculta o retrasa el choque con la verdad. Tendrán que comprender en la clase política que todos los ciudadanos, de cualquier ideología, pueden colaborar ayudando en la economía, la política, la seguridad y la cultura en general y democrática. Hace falta que haya en todo, transparencia y comprometernos, íntegramente, por la paz, la lucha contra el desempleo y la mejor igualdad.
Llevamos más de treinta años de democracia y, cuando lo lógico es que estuviésemos en los postres, parece que aún no hemos terminado la sopa. No puede sorprendernos que ha llegado el momento de plantearnos que la democracia no es un arca de metacrilato llena de papeletas impresas dentro de un sobre. Seguimos llamándole política democrática a lo que, en muchas ocasiones es solamente trueque. Desgraciadamente no se ha llegado a crear una verdadera cultura de la responsabilidad. Hemos logrado que nuestra / sociedad ya no pueda vivir sin la correspondiente dosis de espectáculo y circo y que parece ha olvidado no sólo lo que es la / moralidad y la decencia sino también el buen gusto. Este aldabonazo dado por la Plataforma «Democracia real ya», se / supone que Gobierno, Oposición, Parlamento, Senado, Comunidades / Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos... , habrán tomado buena nota para rectificar cuanto antes actitudes que, en algunos casos los ciudadanos sienten, lógicamente, vergüenza ajena.
Como dice Stéphane Hessel, el autor del libro «¡Indignaos!»: «La indignación debe ir seguida de compromiso».