Diario de León
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rofesor jubilado de Secundaria
León

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E l ritmo es importante para que cada cual vaya a gusto. Por eso, no es extraño que haya enemistades o encontronazos entre amigos en este tira y afloja del camino. Ahora bien, digo yo, si vas con alguien tendrás que atenerte a las consecuencias. No es de recibo dejar tirado a alguien sólo por el prurito de avanzar a tu aire. Si no lo sabías te fastidias y si lo hiciste a conciencia, ajo y agua. De ahí que algunos decidan ir solos y así imponer el ritmo que más les va. Pero si planeas el camino con alguien, pues hay que acomodarse a la marcha común, aparte de que acompañado siempre se hace más agradable y entretenida la escapada. Eso no quita que en un momento dado te evadas y decidas hacer tus pinitos de marchador. Y al final de cada etapa espera el albergue. Puede que la muerte de los albergues públicos esté al caer, ya que los privados avanzan de manera clara y contundente. Si por un poco más -”diez euros en vez de cinco-” te ofertan higiene, espacio, frigo, vajilla, horario más flexible..., quizá convenga irse a un albergue privado. Y en muchos lugares ya lo hacen. Eso nos decían en Palas de Rey. Los públicos se han quedado anclados en el pasado y ofrecen pocas comodidades. Ha desaparecido la vajilla, no hay frigo, el papel higiénico escasea... Lo que pasa es que si se van a la deriva, los privados podrán campar a sus anchas y poner precios poco asequibles.

No sé. Tampoco se trata de que la gente vaya a hacer turismo a través de los albergues. No es eso. El turismo hay que pagarlo. Esta manera de acogerse tiene que ver con otras cosas. Y no quiero referirme sólo a la fe, a los asuntos religiosos, ni mucho menos. Pienso en aquellos que vamos a caminar y a disfrutar de un paisaje inigualable y necesitamos de un sitio en el que descansar y asearnos. Si un día desparecen los albergues públicos, tal vez los privados, con ese afán lucrativo, se suban a la parra y pongan el límite a mucha gente que quisiera culminar un camino de superación y fe. No digo más. Así como defendí que me parecía un error ofrecer gratuitamente los albergues, lo mismo digo que puede ser un error el que desaparezcan los públicos, porque limitaría este camino a personas que, guiadas por la fe o por otras razones altruistas, quisieran recorrer este camino de bendición. Pasaría a ser un mero negocio.

Me extraña cada vez más la escasez de fuentes a lo largo del camino, no sé si a consecuencia del crecimiento de los bares. Puede ser también un efecto de la sequía galopante que asola Galicia. O la pura edificación que acaba con los viveros de agua. Por otro lado, la comida es rica y agradable y se mantiene en un discreto precio. En estos días he podido comprobar que se podía comer desde cinmco euros hasta los diez. Sitios como Casa Ezequiel, de Melide siguen siendo emblemáticos para quienes queremos degustar el pulpo y el ribeiro.

Hay veces que el camino te niega la visita de ciertos tesoros. Eso nos ha ocurrido este año en Furelos, donde hay un Cristo con un brazo caído. Casi siempre hemos encontrado la iglesia cerrada y este año que estaba abierta resulta que el Cristo estaba retirado por obras en la propia sede. Si he pasado ocho veces por allí, tan solo en una ocasión he podido contemplar esa maravilla.

Es innegable el esfuerzo que hacen muchos para llegar a la meta. Hay gente inválida que con su silla de ruedas se atreve a coronar el camino. Me cuentan que una mujer de cierta edad avanzaba paso a paso, con tremendo sacrificio, sin importarle el día de la llegada. Entre los que íbamos -mi cuñado Fernando y el amigo Efrén-, he de ponderar el denodado esfuerzo de Efrén, novato en estas lides y lleno de contracturas, pero capaz de llegar a Santiago con todas las de la ley. Dice que la voluntad fue quien le ayudó a seguir, la voluntad y cierta voz de ánimo nuestra. Pero esa es la fuerza del camino.

No me canso en repetir que no debemos cargar en demasía la mochila -”una mochila adecuada-”, porque el peso se va acumulando y la espalda y las piernas se resienten. El calzado debe ser bueno y ya usado. Previamente conviene haber caminado un tiempo y no cifrarlo todo a nuestras fuerzas. El entrenamiento más que nunca es una garantía de éxito. También debemos reponer fuerzas de vez en cuando: agua, una comida contundente, fruta, etcétera. Tomar un café caliente puede levantarnos el ánimo lo indecible.

Cualquier fin es válido y plausible, desde el más trivial al más religioso. Lo importante es el camino, es ese encuentro contigo mismo y con los demás. Después de cada encuentro parece que te saludas como amigo. Nadie es extraño en esa experiencia y en boca de todos está el buen camino como flor primaveral. Pero no creas que es cosa de niños, ni mucho menos. No vayas porque sí, porque te exige un gran sacrificio. Pero la llegada compensa y se olvida el mal trago con el descanso vespertino. No hay mejor que llegar al destino y relajarse y pensar que cada día se acerca uno más a la meta. Pero lo importante es caminar, porque es un reto y la satisfacción relumbrará cada atardecer como la mejor puesta de sol deseada.

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