editorial
Rastro: entre la ley, el orden y la limpieza
El gobierno municipal aprovechará el traslado a su anterior ubicación, en el paseo de Papalaguinda, para limpiar el Rastro en todos los sentidos. Lo anunciaba la concejala de Comercio y Consumo, María José Álvarez: habrá un control severo sobre los aproximadamente cuatrocientos vendedores ambulantes para que con cada venta expidan el correspondiente tique de compra y estará «absolutamente prohibido» vender falsificaciones.
En realidad lo que viene a anunciar la concejala no son decisiones del gobierno municipal, sino la voluntad del cumplimiento de la normativa vigente en materia de mercados ambulantes, empezando por el alta en la Seguridad Social y siguiendo por las obligaciones de tipo laboral y fiscal como las de cualquier actividad comercial convencional. Además no se permitirá la actividad a comerciantes extranjeros que no tengan en regla los permisos de residencia y trabajo y se hará «especial hincapié» en el mantenimiento del orden y de la limpieza.
Esas y otras reglas no están mal como puesta en escena y declaración de voluntades. Es difícil creer que se vaya mucho más allá de los dos o tres primeros domingos en el control del cumplimiento de la norma. Como máximo, ocasionalmente. La experiencia dice que será así. Lo contrario sí que sería una grata sorpresa.