TRIBUNA | luis ángel villa | socio 213 de la cultural y de profutle
Cultural: entre todas la mataron
Además de la envidia, el victimismo es el gran defecto de los españoles. Siempre hay alguien al que culpar de todo lo que nos pasa: los políticos, los árbitros, los de Pucela si eres de León y los leoneses si eres del otro lado del Manzanal. Una vez encontrado el culpable el problema puede seguir ahí pero quedamos mas anchos que unas pascuas. El caso de la Cultural es un claro ejemplo. Según la opinión (¿general?), la culpa de su situación se reparte entre políticos y directivos (lo de siempre). En menor y mayor medida, por este orden, estoy de acuerdo en ello. Pero como socio de la Cultu además yo iría más lejos y diría que la afición en general tiene también su parte. Y grande.
En casos como éste la visión que la gente de a pie tiene de la situación viene lógicamente condicionada por lo que leen y oyen en los medios de comunicación. Para eso están éstos. Pero la prensa, aunque es libre, a veces no lo es tanto.
Entiendo que a un periodista le resulte harto complicado manifestar ciertas cosas aunque la razón y el sentido común se lo esté indicando. En este caso, echarle una culpa a la generalidad es entrar en terreno pantanoso. Y la generalidad también se confunde. Es repasar la historia y darse cuenta de la cantidad de veces que ha ocurrido. Según mi apreciado Vicente Lobo, culturalista que desgraciadamente ya no está con nosotros, esto viene de lejos. Sólo hay que ver quién acabó en la cruz cuando a los romanos les dieron a elegir entre Pilatos y Jesús
Pero, en fin, mi condición de persona de a pie hace que pueda tener otras pero no es esa servidumbre. Para empezar por alguien, de los políticos diría que no por pagar nuestros impuestos nos deben resolver todos nuestros problemas. En este caso, el presupuesto de un club deportivo profesional, sociedad anónima deportiva o no, no debe tener una dependencia importante de cualquier institución pública. El potencial y la categoría en la que milite debe estar directamente relacionado con el volumen de su masa social. Si no, corres el riesgo de ir con el carro delante de los bueyes y con la lengua fuera (Ademar y Baloncesto León pueden ir tomando nota ). Otra cosa es que cualquier colaboración puntual sea bienvenida. Sí hay que achacarles el prometer aportaciones importantes y después que lleguen mal, alguna vez nunca y casi siempre tarde (evaporándose en forma de intereses devengados la mitad de lo concedido.)
El que pueda parecer que tengan mayor culpa es exclusivamente por esa extraña manera de entender el corporativismo que sólo ellos tienen y cuya actitud más destacada es echarse la mierda encima. El riesgo de que aparezcan tamargos, jeques, etcétera, es elevado, cuando se busca una solución a la desesperada. En cuanto a los directivos debería decir que por supuesto que tienen una responsabilidad importante. Pero desde el primero al último. Cargar todo contra los de ahora («los que generaron esto que lo arreglen») ni es justo ni objetivo.
De necios sería no reconocer una gestión desastrosa en estos diez últimos años. Pero recuerdo que ese dinero aportado, salvo en algún caso minoritario, nunca se reclamó. Lo perdimos y ya está. No hay que estudiar ingeniería financiera para deducir, además, que si al más de un millón de euros que se notificó como deuda en el 2001 por parte del señor Guisasola se le suman nuevas-viejas deudas detectadas en las auditorías practicadas e incluimos además las indemnizaciones condenadas a pagar por casos como los de Juanjo, Luisito, Gelo y algún otro (todos sabemos en que épocas estuvieron) nos dará prácticamente la cantidad exigida que en este momento nos ahoga. La indefinición de este último año sin duda ha ayudado más a ello. Está claro que no hemos sabido, pero respondimos (unos por unas razones y otros por otras ) al grito de ayuda del alcalde de entonces ante lo que el consideraba una situación desesperada del equipo. De eso la gente ni se acuerda ni le interesa.
Vamos con lo de la afición «en general». Entrecomillo lo de general porque hace casi treinta años que soy socio y en este periodo nunca hemos sido más de tres mil (y soy benévolo) los habituales en el campo (siempre puede haber alguien que puede decir que estuvo el día de Barça, del Xerez o en algún otro). Por mucho que he intentado ver más allá siempre somos los mismos. En un área urbana que ronda los 200.000 habitantes suponemos el 1.5%. Sociedades como La Venatoria, la Casa Asturias, etcétera, tienen tantos o más. Si es ese todo el sentimiento culturalista de la ciudad me da que no llegaremos nunca más lejos de donde estábamos. Habitualmente además suelo escuchar algo como «es una pena, con un campo como éste...». Un campo bueno no hace un equipo bueno. Peor me lo ponen y más me enveneno. Antes las disculpas eran que en el viejo Amilivia se pasaba frío y que Puente Castro quedaba lejos. Ahora ya no hay razón para no venir. Nuestros vecinos y a la vez hermanos asturianos del Oviedo nos dejaron bien clarito hace un par de meses cómo debe ser la afición de un equipo que aspire a algo: el mismo tamaño de ciudad, el mismo historial o mejor, la misma situación actual: los dos equipos hundidos en la tabla... Pues bien, aquí se presentan casi cuatro mil azulones y allí ¿cuántos éramos?. ¿ 150?, ¿200 quizás? Con este panorama ya casi no me quedan fuerzas futbolísticas para decir: «¡Aupa, Cultu!».