Diario de León

| JOsÉ. A BALBOA DE PAZ

Fracaso colectivo

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JOsÉ. A BALBOA DE PAZ
León

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Recuerdas los veranos de nuestra juventud?, dijo. Entonces el pueblo se llenaba de alegría con los cientos de personas que regresábamos de Francia, Alemania, Suiza, Holanda. Las vacaciones eran el premio merecido por nuestros padres tras un año de bregar fuera de nuestras fronteras. Para nosotros eran días de fiestas en el pueblo y alrededores: las Nieves, san Justo, san Lorenzo, san Roque, san Bernardo. El verano, que esperábamos con ilusión, era el encuentro con los amigos, los primeros amores. Traíamos dinero y los comerciantes, nunca mejor dicho, hacían su agosto. La alegría se apercibía en los rostros. Con aquel dinero, cada año el pueblo cambiaba un poco más, se hacía mejor, creábamos el futuro. Si, lo recuerdo. También la tristeza, pasada la fiesta de la vendimia, que nos invadía a todos al despedirnos, al veros marchar. Aquello era el anuncio de los días tristes del invierno.

Mis padres emigraron a Francia donde permanecieron toda su vida laboral, hasta los primeros años de la Democracia, dijo. Por eso pude estudiar el bachillerato allí, luego la carrera en España, lejos de ellos. Fue duro, pero después la vida pareció sonreirnos: ingresamos en la Unión Europea, España se homologaba con Europa, pudimos codearnos con ella. Fue el milagro español: crecimiento económico, autoestima colectiva, vitalidad creativa y cultural. Mejoraron nuestras expectactivas sociales. Pudimos, con menos dificultades, dar estudios universitarios a nuestros hijos, les enseñamos idiomas para moverse por el mundo; pero sentíamos que España era su horizonte laboral, junto a nosotros. Con la crisis esos sueños se ha venido abajo. Me resulta inaceptable que, como sus abuelos, tengan que emigrar de nuevo para buscar trabajo. Lo siento como un fracaso personal; sé que es un fracaso colectivo.

¿Qué nos ha ocurrido?, dijo.¡Qué puedo decirle!. Puedo desgranar los tópicos de siempre: la crisis financiera, la debilidad estructural de nuestra economía, la especulación inmobiliaria, la ineptitud y corrupción de nuestros políticos, la sin razón y despilfarro de muchas instituciones. Todo esto es verdad, pero no es suficiente. Otros países crecen y llaman a nuestros universitarios ofreciéndoles trabajo y buenos sueldos. Todo el esfuerzo para formar a nuestros jóvenes parece abocado al fracaso. No, vivimos en un mudo globalizado, dicen algunos; no debería ser un trauma trabajar en otro lugar. Cierto, pero debería ser voluntario. La realidad es que si un español quiere encontrar trabajo o escapar a la maldición de mileurista debe repetir la vida de sus abuelos: emigrar, pero ahora sin la expectaviva de aquellos veranos, porque los pueblos están muertos o se están muriendo. Es un fracaso colectivo.

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