LA QUINTA ESQUINA
Con las manos en la masa
La semana pasada, se celebró la edición número doce de la feria anual de Artesanía de Val de San Lorenzo. No es mal número el doce, al contrario. Doce fueron los apóstoles de Jesús, los goles a Malta en aquel memorable partido, en el año 12 del siglo pasado nació Ramón Carnicer y, como anécdota, España ocupa ese puesto en el universo como sitio ideal para ser padres. Decía el poeta portugués Miguel Torga, cuando le preguntaban por qué volvía con frecuencia al pueblo de sus ancestros, que venía «a escuchar a los antepasados». Una hermosa reflexión que nos recuerda que somos de un lugar y que debemos prestigiar y dignificar esos orígenes de los que somos herederos. Cada año que pasa, quizá por el fracaso de un sistema que vemos a diario al borde del abismo, sentimos más fresco el aire de los pueblos; porque en ellos se practica el progreso con mesura, sin los atracones que padecen las grandes urbes. Decía Julio Caro Baroja que los progresistas «de misa y olla» —que en cada provincia son legión—, abrazan la causa del progreso para «afear y aún emporcar el país sistemáticamente y para ganar unos cuartos…».
El sábado pasado, en Val de San Lorenzo —un pequeño ayuntamiento de herencia artesana—, demostraron sus gentes ingenio y capacidad para evitar olvidos y torpes añoranzas, con la única herramienta de esas manos sabias que tejen la urdimbre del importante legado cultural que heredamos. En la actualidad, los productos artesanos no sólo son apreciados por su valor estético, singular y personalizado, sino por su fundamento en la creatividad y el diseño. Durante el fin de semana, participamos de una liturgia cuyo credo habla de tradición y progreso, donde se demostró que conviven sin traumas el desarrollo tecnológico con las formas antiguas de practicar la existencia. En nuestra región, hay unas mil pequeñas empresas dedicadas a la actividad artesanal que emplean a más de tres mil quinientos trabajadores.
Dar la máxima difusión a este sector es tarea común que exige compromiso firme, empezando por la educación de los más pequeños pues jugando con la consola no lo aprenden. Así lo ha captado este ayuntamiento al organizar una feria infantil que, este año, ya está incluida en el calendario ferial de nuestra Comunidad. Ver las sorprendidas caras de los niños al contemplar el esquilado de una oveja, mientras el ganadero Víctor Fernández cantaba coplas o con las manos en la masa haciendo adobes y tejas, nos alejó por unas horas de las imágenes frenéticas de las bolsas de Tokio o Nueva York, donde se amasa de forma virtual el tiempo de miseria que nos aguarda… Había que hacer algo.