Diario de León
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Convertida ya en una cita clásica del verano, León acogió ayer la vigésimo tercera Convivencia de Misioneros, este año con carácter especial por la coincidencia con los Días en las diócesis, actividad previa a la Jornada Mundial de la Juventud que la próxima semana reunirá en Madrid a millones de peregrinos con motivo de la visita de Benedicto XVI.

León, cantera histórica de misioneros —siempre ha encabezado el ránking por provincias, junto con Orense—, cuenta con 526 (254 hombres y 272 mujeres) registrados en la Delegación de Misiones, pero hay al menos un centenar más de los que no se tiene una localización precisa.

Al margen de la interpretación religiosa que se le quiera dar, lo cierto es que realizan una gran labor social desde convicciones absolutamente solidarias y bajo una absoluta discreción que los pone en polos opuestos, por ejemplo, de esas absurdas caravanas de camiones integrada por un grupo de amigos con buenas intenciones —y a veces demasiados problemas para las autoridades— unidos por lo que se viene llamando turismo solidario, en realidad una aventura puntual.

La solidaridad no se demuestra yendo al África profunda en costosísimas expediciones a entregar personalmente unos cuantos kilos de material. Se es solidario ingresando una cantidad de dinero en las cuentas de las diversas ordenes de misioneros, de Cruz Roja, de Médicos sin Fronteras o de cualquier organización seria.

Hay oenegés que han profesionalizado su labor, que llevan muchos años en primera línea en situaciones difíciles. Saben cómo hacerlo, cómo moverse, dónde están los límites de su actuación y cuándo los riesgos son superiores a la labor que pueden hacer. Cruz Roja tienen una gran capacidad de hacer llegar la ayuda humanitaria. Y desde luego los misioneros. Cualquiera que haya viajado por el Tercer Mundo sabe que siempre están en los lugares más difíciles, entre la gente y es más, cuando todo el mundo se marcha, cuando hay una guerra y al final los soldados de Naciones Unidas se despiden y las oenegés se van, allí se quedan ellos como última esperanza y ayuda para quienes no tienen otra cosa.

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