EL BAILE DEL AHORCADO
Sacrificios
Es que claro, recuerden que el dinero público no es de nadie. Vamos, que cuando alguien dice eso lo que en realidad está pensando es que es suyo, que puede disponer de él a su antojo y que nadie le pedirá cuentas. Y fueron muchos los que se lo creyeron, y disfrutaron de una fiesta a la que sólo estaban invitados para pagar. Pagana, en eso se ha convertido la clase media española, cada vez más proletarizada y anestesiada. Pero de esa juerga no son solo responsables los políticos (esos que ahora juegan al wrestling apareciendo y desapareciendo de reuniones conspirativas para ponerse los primeros de las listas para el 20-N, los mismos que pactan sin pudor sueldos astronómicos en consejos de administración y plenos).
Aquí hay una sociedad que se creyó que el dinero era como el maná, que se coinvirtió en su propio caballo de Troya, que se carcajeó de las advertencias de Casandra, sin darse cuenta de que la responsabilidad siempre es compartida y de que quien estafa al sistema está, en realidad, usurpando su propio futuro. Así, poco a poco, el fraude a la seguridad social se ha convertido en endémico, nos hemos creído que la gran farsa piramidal del sistema público de pensiones pervivirá hasta el final de los tiempos y que los empresarios deben hacerse cargo de nuestras cuitas. De esta manera, hemos abdicado de nuestra condición de ciudadanos, convirtiéndonos en siervos y quitándonos de encima el deber de responsabilidad democrática. Y si nosotros no tenemos obligaciones, ¿por qué habrían de tenerlas nuestras instituciones? Si el objetivo de la mayoría es buscar atajos para no saldar sus deudas ¿Por qué los ayuntamientos tendrían que pagar las suyas? Por eso, nadie se escandaliza de la contraída por los ayuntamientos, del gasto que supone que 150 municipios de la provincia no lleguen a los mil habitantes (y si Italia se ha cortado las barbas…), del hecho de que la Fele, por poner un ejemplo, sea la única empresa que no ha reducido su número de trabajadores en los años de la crisis, o de que las misiones de la Cámara de Comercio no hayan aumentado la capacidad productiva de la provincia... Todo cambiará para que todo siga igual. Por eso desde el PP ya avisan de que habrá que hacer sacrificios, usando el impersonal, como si no supiéramos quién pagará la fiesta. Y es que, lo ocupe quien lo ocupe, el poder siempre piensa que el dinero público no es de nadie. Y, sin embargo, haciendo una simple división, cada uno de los habitantes de León debe 3.000 euros por los años de despilfarro en Ordoño II.