AL TRASLUZ
Se busca vecino
Ya sabemos por la prensa no sólo la parcela donde Rodríguez Zapatero construirá en León su chalé, sino también que la adyacente está disponible para quien desee comprarla. Lástima, este mes no me viene bien el desembolso. Ser vecino del ex presidente del Gobierno ha de conllevar múltiples ventajas. No diré que tantas como las de vivir pared con pared con Miss Universo o con Superman, pero casi. «Tock, tock. José Luis, soy García, estudiamos juntos Primaria ¿te importaría cuidarnos el pekinés mientras pasamos unos días en Benidorm? No muerde, pero si le llevas la contraria te esconde el mando de la tele». Por supuesto, la disponibilidad ha de ser mutua: «Tock, tock. Hola García, soy Rodríguez Zapatero, me voy a pescar unas semanas al lago Michigan ¿te importaría cuidarme los dobermans? No solo muerden, también saben artes marciales». Los españoles somos solícitos, pero tendemos al abuso y al compadreo. «Tock, tock. José Luis, que dice mi padre que si me puedes explicar la teoría de la relatividad, es que mañana tengo examen». Y él: «Iba a ponerme a releer a Borges, pero pasa». Y al rato: «Tock, tock. Que dice mi abuela que si tienes un guardaespaldas que te sobre». El vecino pelmazo siempre llama dos veces.
Por ello, si yo fuese Rodríguez Zapatero saldría ya a la urgente búsqueda de su vecino apropiado. No depende de él, pero algunas cosas no se pueden resolver por concurso oposición, ni dejarse al azar. No es ponernos catastrofistas, pero más de una guerra púnica empezó por un vecino cargante. Lo que hace tan divertida la serie «La que se avecina» no es el disparate de sus crispadas relaciones vecinales, sino que refleja la vida misma, nuestro surrealismo más casero. Y ni siquiera hay que recurrir a la ficción, Ruiz Mateos alquiló o compró el chalé pegado al de Miguel Boyer para despertarlo cada mañana a golpe de «¡Ríndete, bribón!», lanzado desde un gran megáfono conectado a un amplificador. No sería la primera vez que la vida imita a la «13 Rue del Percebe», incluso que la plagia. Más vale prevenir.
Por ello, «un poquito de por favor», que dijo un gran experto en el sector inmobiliario. Pues, en efecto, el vecino pelmazo siempre llama dos veces. Y a veces, hasta seis.