Diario de León
Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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Hay días, semanas, meses y años que es mejor quedarse quieto en el rincón, contener el aliento y esperar a que escampe. No aprendemos. Seguimos siendo una pandilla de analfabetos iletrados con cerebro de pez, mediocres engreídos, soberbios egoístas, arrogantes embusteros, cretinos indolentes y patanes entumecidos por una miopía mental galopante.

Esa España cainita, de verbo fácil, cotilla y ramplona, ignora su historia y aniquila el sueño del ilustrado. Camina en círculos y le importa una trompeta caer en los errores de siempre. Somos como mulas con visera a babor y estribor, en un barco en donde los remos los rompimos en la cabeza del otro. Aquí, si enseñas una banderita española en la correa del reloj o en la trasera del coche eres un «puto facha». Eso sí, siendo español, nada te dirán esos miserables etiquetadores si en tu cazadora de marca llevas una insignia de la Gran Bretaña, Italia o Brasil.

Si los pantalones de tela ligera, color verde prado, te hacen ondas en el trasero a la altura de la rodilla y no te lavas, eres un «perroflauta indignado», un don Nadie sin hipoteca. Si dices «compañeros y compañeras», todos intuímos que militas en ese socialismo o sindicalismo de marketing. Si defiendes a la iglesia católica y crees en Dios, lo más docto que te llaman es retrógrado. Catalogamos a los homosexuales, a los paletos, a los de derechas o de izquierdas según el color de su camiseta. Protagonizamos un genial Barça-Madrid y terminamos en tangana.

Viene el Papa y ya está liada, se la montamos parda y algunos ateos acaban con la cara de color rojo cardenalicio. No hay respeto por el otro. Eso sí, brotan culturetas que abrazan bandera de su libertad excluyente. Su locura intelectual no les hace ver que, como todo en la vida, en lo físico y en lo cuántico, cada uno es dueño de su verdad. Incluso los que no piensan como ellos. Lo peor es que esa seudointelectualidad, que va de laica y no lo es, te incita a que le sigas en su memez.

Pero hay esperanza. Y aunque los improperios de mi cabreo mandan en esta crónica, mantengo la fe en los valores humanistas. Existe una España decente que intenta salvar los muebles y defender su libertad, su verdad, su dios y su historia, con sus grandezas y mezquindades. Entre tanto, aquí, en este Bierzo cansino de agosto, predomina la calma chicha. Ni AVE, ni autovía, «ni naa». Sólo esperanza.

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