EN CLAVE
En un pispás
Los dos grandes partidos y sus respectivos líderes, Rajoy y Zapatero, se han comportado en el Congreso como piratas filibusteros al abordaje de la Constitución. De la sacralización virginal de la Carta Magna hemos pasado a la banalización de su reforma en un «pis pas», como diría Rubalcaba (‘plis plas’ no está en el diccionario). Tendrán que declarar urgente la medida, habilitar los últimos días de las vacaciones parlamentarias para pisar al máximo el acelerador y, en cuestión de horas, producir un texto que pase por el Congreso y el Senado a velocidad vertiginosa de modo que llegue al BOE el 23 de septiembre. Y todo para que la garantía de la estabilidad presupuestaria quede esculpida a cincel en las tablas de la ley del 78.
Lo curioso es que la iniciativa no estaba ni en la consulta que hizo el Gobierno de ZP al Consejo de Estado ni en los compromisos electorales de reforma constitucional del PP en 2007. Sí estaba entre las exigencias de la UE y, lo que es más importante, en las demandas que Merkel planteó a Zapatero en su visita a Madrid el pasado 2 de febrero. Y él, ni caso. Lo pidió el PP en 2010. Y él, ni caso. El BNG hace un par de meses. Y él, ni caso. Ahora, cuando el BCE ha tocado a rebato, viene con prisas de última hora para demostrar que puede tomar decisiones hasta en el minuto de descuento del partido. Por la cara de estupefacción del candidato del PSOE, el cabreo de otros diputados de su cuerda durante el anuncio del presidente en el Congreso y a tenor de sus declaraciones posteriores, podría afirmarse que esta vez Rajoy se llevó al huerto a ZP. El jefe del Gobierno negoció con el líder de la oposición a espaldas de su partido — lo cual no es una novedad— y le regaló una baza en plena precampaña electoral. El presidente del PP recogió el botín y, no contento con ello, se sacó de la manga el As de la carta de Trichet. Una puñalada trapera que ZP no se esperaba recibir después de las estrechas relaciones establecidas entre ambos en los últimos días. Donde las dan las toman, habrá pensado el líder de los populares que tuvo que encajar más de una traicioncilla del socialista en los primeros albores de sus conversaciones políticas en La Moncloa. Ahora que (¡por fin!) los dos políticos son capaces de ponerse de acuerdo para adoptar decisiones de gran calado, como si gobernaran en coalición ante la crisis, podemos pedirles que aprovechen para tomar medidas tan perentorias como la que merece la reforma exprés acordada ayer.
Estaría bien que eliminaran la vergonzosa prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona. Además, se podría aprovechar la cercanía de las elecciones para que las nuevas Cortes ratificasen el cambio, según el trámite exigido. El referéndum quedaría para mejor ocasión. La infanta Leonor les estaría muy agradecida.