Diario de León
Publicado por
Luis Fernández Terrón. astorga
León

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El caballo blanco de Santiago

Siendo todavía niños y en la escuela, aquel día, unos cuantos compañeros soltaban sonoras carcajadas a la respuesta que daba uno de los listillos del aula. Otros, algo pensativos, quedábamos a media risa. La cuestión que le había formulado el querido maestro, no era excesivamente compleja: «A ver Manolito, ¿de qué color es el caballo blanco de Santiago?» Él, dubitativo durante un momento, contestaba convencido: «de color café». Su interés se había centrado en el nombre del señor y en el animal mencionados.

Santiago, vecino del pueblo y que vivía en el mismo barrio a escasos metros de su casa, tenía un caballo de color café; por eso largaba tal respuesta.El proceso mental, en muchas ocasiones, nos suele llevar a lo próximo o cotidiano, tejiendo un tupido velo sobre lo relevante de las preguntas que puedan o podamos plantearnos.

Por otro lado, los colores unas veces pueden ser tan abstractos como en otras estar asociados a realidades o ideales más o menos agradables: rojo, azul, verde, morado... e incluso percibirlos como algo bueno, malo y muy pocos indiferentes. Si nos ceñimos a opiniones o pensamientos, ocurre que la gente de un lado u otro puede llegar a pronunciar frases como: «este es de los rojos» o «ese es de los azules» o «aquel es de los verdes» o «de los morados...»

Sea el color preferido que sea, imaginemos que el maestro le hubiese formulado a Manolito lo siguiente: «¿de qué color es la paloma blanca de la señora Paz?», lo más probable es que instintivamente acertase. Aún así, puede que aparecieran algunos obcecados en buscar otro color: rojo, azul, verde, morado... respuestas todavía menos afortunadas que la dada al comienzo por mi compañero de clase.

Tengo la sensación de que a todos o a la gran mayoría, nos gustaría tener siempre presente lo que las realidades e ideales llevan implícitos y poder dar una respuesta común. La libertad personal ( y digo personal de persona, no individual), la solidaridad y la esperanza ( y digo esperanza sí, convencido de que de la nada no puede salir algo); serán lo que den el blanco resplandeciente como respuesta a los múltiples colores y a la multitud de seres humanos de distintas razas que poblamos el planeta.

No nos obsesionemos con pensamientos absurdos o simplistas y percibamos todas las cosas buenas que permanentemente extienden el manto blanco de la paz.

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