Diario de León
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magis iglesias
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La situación de España y otros países periféricos del euro es delicada, por decirlo de forma suave para que no se nos acuse de alimentar el azote de los mercados. El riesgo de rescate o que fracase la moneda única sigue presente y todavía se temen las réplicas del terremoto de agosto, cuando sonaron las alarmas. Las Bolsas nos castigaron a todos a causa del silencio del presidente del BCE, que se negó a confirmar o desmentir la compra de bonos de deuda española e italiana. Los eurolíderes le culparon de esta nueva oleada de zarpazos de los ‘parqués’ y tuvo que rectificar. En un giro copernicano, el banco europeo acudió en socorro de los países más afectados y compró deuda de España e Italia. A cambio, les impuso tareas hercúleas que pueden considerarse una intervención encubierta. Los italianos supieron de las exigencias despiadadas de la UE porque su gobierno les enseñó la misiva del BCE para justificar su traducción en más recortes draconianos, aunque les haya costado una huelga. Zapatero prefirió sufrir en silencio, se guardó la carta de Trichet en el bolsillo, llamó por teléfono a Rajoy y al resto no nos contó nada. Ni siquiera a Rubalcaba. Ahora dicen los sindicatos - en palabras de Toxo- que a ellos les confesó que España se hallaba al borde del abismo. No es de extrañar. Sorprende que algunos se escandalicen solo porque trascienda la confidencia, en esa obsesión infantil de castigar al mensajero. El secretario general de CCOO se ha visto tan criticado por haber aireado el comentario que ha terminado por desmentirse a sí mismo con eufemismos más o menos creíbles. No era un abismo sino una «delicada situación»

Ha vuelto a ocurrir esta semana con las predicciones de la presidenta del FMI. Lagarde dijo el domingo que puede haber una segunda recesión si no se toman medidas de consolidación fiscal y estímulo al crecimiento económico. Otra vez, los llamados mercados se agitaron con insolencia. Especialmente, porque envió un dardo candente a la eurozona: los bancos europeos deben recapitalizarse

En lugar de tomar nota y atender o rechazar sus consejos, la UE desmintió su diagnóstico y se le acusó de provocar un nuevo desplome de los índices bursátiles con augurios catastrofistas

Otra bofetada al mensajero, como si fuera más grave airear los problemas que la naturaleza de los mismos. Si las cosas están tan mal que incluso pueden ir a peor, es inaceptable que, como dice Felipe González, los españoles no se den cuenta. Si el riesgo de este verano ha sido similar al de 2008 y lo que se nos avecina para el otoño tiene visos de hacer palidecer la crisis actual, queremos saberlo. Los ciudadanos asumen mejor los sacrificios cuando conocen la realidad de los hechos en toda su crudeza y se cuenta con ellos para aplicar las soluciones. No nos gusta el despotismo ilustrado.

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