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luis arti¡gue
León

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Y sin embargo León se mantiene en una estación indefinida que no tiene todo de otoño ni desde luego de verano, y la tarde—noche es azul como un zumbido de fax, y el viento nos hace ya sentir vivo el semblante, y hay algo de triste impotencia en las justas manifestaciones de indignados y sindicalistas, y, a pesar de los pesares, seguimos apostando por la belleza.

Buscando irradiante belleza acudimos a la ambiciosa exposición retrospectiva de un pintor leonés afincado en Burgos, Isacio de la Fuente, que ha recuperado para nuestro bagaje artístico el ILC.

Se trata de un creador plástico con oficio y sólida formación, y así lo demuestra la obra primera exhibida en el Palacete Torbado —el llamado Centro Leonés de Arte—. Encontramos inquietantes aguadas de tema gerontológico de gran formato, todas emocionantes y muy sueltas en la ejecución —pues están repletas de matices pero sin entretenerse en lo menudo de la figuración—, las cuales transmiten la llegada al linde final con palpitante naturalidad. Y especial huella en la retina emocional nos deja una serie que, con audacia y buena mano, ironiza sobre temas clásicos como El Cartero de Van Gogh, la Dama de Elche, el Doncel de Singüenza y la Familia de Carlos IV, para agitarnos mediante el subversivo don de la risa... Pero a partir de los simplificados, casi geométricos, homenajes a Eduardo Arroyo y Verbis comienza una deriva demasiado dispersa. Pasamos a toparnos con alegatos coloristas pop que no funcionarían mal como cartel, piezas no exentas de gracia pero a mi juicio sin nervio, que son una antesala de lo que vendrá (incluso en esta parte el autor demuestra una innegable habilidad compositiva en piezas como «Archiv—arte»).

Emocionan sus cimientos y apabulla su obsesión por mostrar fatigosa versatilidad tocando mil palos del arte contemporáneo.

En la Sala Provincia del ILC está la otra parte de esta exposición, la obra última, ya sumida con deje obvio en lo conceptual; concretamente en el estructuralismo. Comienza con una serie que denomina la energía de los autores y, con un discurso reiterativo sobre los átomos, los textos y subtextos, desarrolla una obra en la frontera entre el arte, el diseño y el márketing que combina pintoescultura, y arte digital, y que en conjunto se muestra como una alegoría de la incomunicación, con homenajes al surrealismo y a la pintura social: todo muy «contemporáneo» (como ejemplo basten esos llamados poemas metalíticos que están repletos de lo que no tiene la poesía: frialdad)... Mas finalmente recobra su pulso emocionante y cromáticamente sensible en los libros de autor...

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Y al salir de la exposición la tarde-noche de León vuelve a ser azul como un zumbido de fax.