Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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E scribo estas líneas sin saber en qué ha acabado la reunión del PSOE leonés. Cuando se celebran ya tan avanzada la tarde, el columnista corre el riesgo de que alguien de los presentes en la misma se haya convertido en hombre lobo, con el consiguiente atracón de compañeros y compañeras, y te tengas que enterar a la mañana siguiente. Qué se le va hacer. Discúlpeme el lector si en dicha reunión se hundió el Titanic y esta columna quedó tan desfasada como una película de Joselito, aunque te la repongan en 3D. En fin, correremos ese riesgo. Después de todo, uno no es analista político al uso, sino observador de la condición humana, ese animal de compañía que nunca terminamos de domesticar, porque cuando crees que ya se ha hecho —por fin— vegetariana, va y se zampa un carpaccio.

Pues eso. Francisco Fernández sigue con su flemón político. Es decir, con un sector crítico en el moflete. Nosotros les hemos llamado «los sonrientes de Astorga», por aquella fotografía en la que posaban zalameros, como si después de conspirar fuesen a tener baile, que es la forma de que te vengan los tuyos y alguno más. También, supongo, han de tener algunas razones de peso, además de aquello que se cantaba en El Libro de la Selva: «Cómo tú, yo quiero ser como tú/ y en la ciudad gozar/ como hombre yo quiero vivir/ser un mono me va a aburrir».

¿El PSOE hubiera obtenido un resultado diferente en las elecciones con otro candidato? Lo dudo. ¿No se frotaban las manos porque el PP había designado al desconocido Gutiérrez? La base del error socialista no está en su candidato sino en haber subestimado al rival y en negarse a aceptar la existencia de ciclos en la intención de voto. Churchill perdió las elecciones tras haber ganado II Guerra Mundial. Posiblemente, a Fernández le restó más votos las torpezas de Pajín, pongamos por caso, que la errónea ubicación del parque Pocoyó. Y además, ¿qué de malo hay que en un cambio de ciclo, si obedece a una decisión democrática? Ni santificar al ganador, ni demonizar al que pierde. Todo es cíclico. Y lo demás son flemones. Estos suelen señalar la existencia de una infección, sí, pero hay muchas formas de atajarla. Y arrancar la muela sin anestesia no debería figurar entre ellas.

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