LA 5ª ESQUINA
El figuras y los otros feriantes
No cabe duda que «El Figuras» es la atracción de la feria. Aunque la orquesta Panorama o el barco pirata congreguen un mayor número de penitentes, el espectáculo viene de la voz ronca de este vendedor, enjuto y desaliñado, que despacha la mercancía como nadie. No es diplomado en marketing por ninguna universidad; ni tampoco trae barraca para ejercer el oficio; incluso, ni siquiera vende buen género, aunque el se esfuerce en decir que son adornos de resina, madera o porcelana. Las ferias las vive en su camión, aunque no sabemos si le ha dado la felicidad, como cantaba loquillo, o dolor de espalda con el paso de los años. Es un camión pequeño, matrícula de Madrid, en cuyo exterior se lee: «El Figuras», que sirve de almacén, vivienda y tienda. Cuando la Feria está en su apogeo abre las puertas traseras del vehículo, coloca unos altavoces a ambos lados y se transforma en el hipnotizador Uri Géller, pero en vez de pararte el reloj, te lo vende. Del fondo del camión sorprende al auditorio desembalando un juego de jarrones cubistas, la cabeza del caballo negro con crin dorada (sobre columna jónica), la muchacha con el jarrón, el fauno o el dragón que cambia de color hasta siete veces. Todo ello sin dejar de hablar, ni un instante, sobre las suegras, Fidel Castro, los chinos o lo que se tercie, mientras los parroquianos se acercan a comprar con plena confianza. «Usted es clienta, que ya la recuerdo de otros años», dice cada poco.
Desconozco si existen en España estudios de antropología sobre los feriantes, aunque conocí algunas curiosas historias como las que escribió Cunqueiro, en «Los otros feriantes», para estos personajes de cuento y parsimonia que pueblan Galicia y de los que el genial escritor decía: «Fíxeme tan amigo d’eles que me dolía deixalos nun caxón». Si Malinowski -padre de la moderna antropología- viviera, seguro que se subía al camión de «El Figuras» y dejaba para otra ocasión las islas Trobiand. Aunque el mayor paradigma para el investigador será la forma de traducir los pensamientos del feriante y es muy probable que termine con el cuaderno vacío, pero con la casa llena de adornos, incluidos los dorados delfines para el centro de la mesa del comedor.
«El Figuras» anuncia, un año más, que se jubila, como en su día lo hicieron las hermanas Colombinas o a la mujer serpiente de nuestra adolescencia. Si las fiestas son para los jóvenes, este peculiar vendedor ya es patrimonio de cuentistas y filósofos, aquellos que se acercan a las Ferias, como diría Sócrates, a ver lo que pasa y, si es posible, a no dejarse nada en el cajón… Había que hacer algo.