LA VELETA
Rajoy da pistas
Rajoy ha viajado esta semana a Cataluña, a pulsar el ambiente —enrarecido por la cuestión del catalán en las últimas semanas—, a pronunciar una conferencia pacificadora y a asistir a una cena en casa de Javier Godó con el Foro Puente Aéreo, una reunión de grandes empresarios de Madrid y Barcelona en la que tan notorias son las presencias como las ausencias. Y aunque Rajoy es apoteósicamente previsible en sus declaraciones, la cercanía de las elecciones generales hace inevitable que, incluso a su pesar, tenga que ofrecer pistas sobre su ejecutoria futura si gana, como es más que previsible, las elecciones.
Aunque en Cataluña el nacionalismo está pendiente de los guiños políticos del dirigente conservador, al que exprimirá a conciencia si no obtiene mayoría absoluta y se reproduce el escenario de 1996, es obvio que tanto la preocupación del candidato como la de la ciudadanía es predominantemente económica. Y en este asentido, Rajoy ya avanzó una gran convocatoria al esfuerzo de todos para salir adelante desde el actual atolladero, que se caracterizaría, a su juicio, por tres grandes problemas: la baja competitividad, la acumulación de desequilibrios macroeconómicos (déficit del sector público y déficit de la balanza por cuenta corriente) y la falta de confianza que genera España en el exterior,
Las primeras propuestas en materia de política económica son: reducir el déficit de las administraciones públicas al 4,4% en 2012; fijar mediante una ley urgente la estabilidad presupuestaria en todas ellas, al tiempo que se procede a una remodelación, reducción o supresión de instancias administrativas; en el terreno laboral, descentralizar la negociación colectiva y situarla en el ámbito de la empresa. Y en el terreno fiscal, lanzó dos promesas: que las empresas no tributen por las plusvalías que obtengan de la venta de sus activos cuando las reinviertan y que se bonifique un 10% la deducción de los beneficios que las compañías destinen a hacer más competitiva la empresa mediante la adquisición de nuevos activos en lugar de repartirlos entre sus accionistas. También reducirá los tipos impositivos a pymes y autónomos. De momento, estas revelaciones populares son pinceladas del programa electoral que marcan tendencia pero están lejos de constituir un proyecto de gobierno.
Han contado los asistentes a la cena en casa de Godó que Rajoy reconoció privadamente que la política económica española está atada de pies y manos por Merkel y Sarkozy. En realidad, el margen de maniobra, tan escaso, está limitado por nuestra excesiva deuda (pública y sobre todo privada) y por nuestra pertenencia a la Eurozona. Pero aun dentro de este margen, Rajoy debe jugar la carta cuasi milagrosa de lograr la expansión sin incrementar el gasto y sin recortar significativamente el estado de bienestar. Habrá que desearle suerte en la empresa si logra pilotarla porque será la de todos nosotros.