Diario de León
Publicado por
ernesto escapa
León

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Alrededor del negocio del vino, pulula un tropel de flautistas que deteriora muy seriamente el crédito y las expectativas de gente competente y responsable, que ha invertido en un sector frágil, cuyo futuro depende en buena medida de la solvencia con que se gestione el incierto día a día. No valen apuestas aplazadas a la vuelta de una década, sino que es preciso actuar con realismo, sin caer en la tentación de levitar aupado por los halagos. Pero el riesgo está ahí. Los gurús del sector hace tiempo que avisaron de que los vinos se eligen y consumen más por el aroma de su reputación que por la calidad. Por eso se pelea con tanto ardor la imagen de trago apetecible, capaz de acompañar y redondear los mejores momentos. No es un objetivo fácil, sobre todo si se equivoca el camino. Pero tampoco está balizada la senda hacia el éxito.

Desde luego, a ese logro contribuye muy poco la literatura enológica circulante, cuyos excesos no ayudan precisamente a elegir con criterio. Cualquier vino es divino, siempre que pase por caja, podría ser la conclusión de un observador atónito. De los adornos ya se encarga el escribiente de turno. A veces se facturan piropos que provocan sonrojo. Claro que todavía es peor cuando los empalagos adoptan apariencia analítica. Por esa vía se cuela una palabrería que vincula las catas con la jerga de los consultorios. Cursilerías que no ayudan a nadie y sólo revelan la inutilidad del estipendio. A tales extremos ha venido a parar el negocio del vino. Hubo un tiempo en que las grandes inversiones se adornaban con protocolos deslumbrantes. Convites con estrellas del pelotón, políticos de ordenanza y algunos peliculeros. Un bodeguero con tradición, que se reía de aquellos advenedizos, anticipó la secuencia de gatillazos en un sector que vendió su alma a precio tan bajo. Aunque, aplicando la cantinela que esta temporada sirve para casi todos los asuntos, lo peor está por llegar.

La apariencia glamurosa del mundo del vino esconde en el vientre de las bodegas una tremenda contradicción. Ahora que llega la vendimia, el mal trago lo están pasando los cultivadores. En determinadas denominaciones, cosechan por no malograr el majuelo, ya que los precios de la uva resultan irrisorios. Un sector expuesto al exhibicionismo de pasarela y con escaso peso de los agricultores revisa con resignación su inventario de renuncias. El deterioro de las viejas cooperativas, los cantos de sirena que dejaron tantos esfuerzos en la estacada y la incapacidad de los Consejos para establecer arbitrajes fiables cargan el peso de la crisis sobre las espaldas más débiles. Así que a nadie podrá extrañar si los agricultores esta vez deciden apearse y no seguir alimentando la burbuja con su sacrificio.

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