EN BLANCO
A la greña
Ay, Señor! ¿Dónde ha ido a parar el silencio en el gallinero político? Porque tras el brutal encontronazo que tuvieron los socialistas con los votantes allá por la primavera, el patio del PSOE leonés huele a marejada y además de tres pistones. Como es sabido, primero la economía española hizo ¡boom! y luego ha hecho ¡pum!, según se encargan de recordar con pelma regularidad los todopoderosos mercados, más pesados por cierto que una homilía de Fidel Castro. Ya se sabe que tanto la confianza como la amistad son bienes muy delicados y especialmente cuestionables en los agitados charcos de la vida pública. Y aunque los expertos en la cosa aseguran que no debe ponerse en duda al líder en tiempo de zozobra como el presente, lo cierto es que la situación del PSOE local se asemeja a una comedia de situación equiparable, por lo tumultuosa, a la corrida de la Beneficencia.
Por usar una terminología entendible, oficialistas y críticos andan a la greña prodigándose toda clase de zancadillas y navajeos, mientras la intransigencia parece haberse instalado en el ambiente. En semejante torre de Babel todos hablan de lo lindo, evidenciando que no se les acaba de pasar el berrinche y ello a pesar de que lo peor puede estar por venir. Es un fuego cruzado preñado de histeria, desconfianza y sectarismo, receta poco apetecible para ofrecer al votante potencial. Unos reclaman el clásico rodar de cabezas, pero los otros han caído en la eterna tentación de echarle la culpa al empedrado. El sector crítico berciano, por poner un ejemplo, está que fuma en pipa, pronosticando que si el tema no se soluciona será la ruina total del socialismo autóctono. Lejos de mí la funesta manía de recelar, ni tampoco el entrar en el malévolo jueguecito de «ya te lo dije», pero creo que si no se pone remedio a este drama agónico les van a mandar a casi todos a la enmienda. En la vida, ya se sabe, unas veces eres el perro y otras el árbol.