Diario de León
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margarita torres
León

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Lo de pertenecer a la clase media hoy por hoy se asemeja al chicle blando que se estira o encoge a merced del que masca, a los conocimientos de idiomas que muchos colocan en los currículos cuando hablan de su nivel de inglés o de austrohúngaro: medio. Para unos, tal posición puede equivaler a una buena defensa en esa lengua; para otros, a pronunciar my banker is rich sin despeinarse. Hace unas décadas, cuando el español disfrutaba de un cochecito, una casa con baño completo y vacaciones en la playa con la familia, a eso se le llamaba “clase media”. Luego, cuando los bancos regalaron hipotecas de todo a cien, clase media pasó a equivaler a funcionariado y profesiones liberales, amén de autónomos. La playa de Gijón se cambió por Acapulco y el crucero por el Báltico. Ahora, según algunos insignes pensadores, pertenecer a la clase media supone convertirse en la espalda que ha de sufrir el famoso impuesto de Patrimonio que resucita Zapatero. Así lo afirman sus críticos, al menos. Porque, según ellos, al gravamen castigará aún más a las ya sufridas familias de trabajadores medios. Vamos, al profe, el fontanero, el policía local, el albañil…Como explicaba cierta reconocida periodista, Curri Valenzuela, ¿quién no dispone de un patrimonio superior al millón de euros? ¿Quién no goza de una casa pagada, un apartamento o chalé en la playa, dos coches, una renta superior a los cien mil euros de salario? Francamente, al escucharla, pensé que vivía en otro planeta.

Habría que recordarnos a todos que, aunque en Castilla y León sólo se recaudasen 80 millones de euros, con ellos se pueden hacer maravillas en tiempos de crisis. Y a nivel nacional, si nos retrotraemos al 2007, antes de abolirse, se consiguieron con él más de 2.000 millones de euros, de los cuales 1.240 salieron de las arcas de 47.614 personas cuyo patrimonio superaba el millón y medio de euros. Recordemos, también, que del cómputo del patrimonio está exenta, según la norma, la vivienda habitual hasta un valor de 300.000 euros. Así que calculen lo mal que llegan a fin de mes estas pobres gentes a las que ahora se quiere hacer pagar un poquito más. Un drama.

A mí todo este asunto se me asemeja un poco la posición de fuerza de los Republicanos cuando el presidente Obama quiso que contribuyeran algo más a las arcas estatales, vista su bancarrota, y ellos le replicaron que quienes debían sostener el imperio yanqui eran los trabajadores, que a ellos se debe aumentar los impuestos, no a los poderosos.

Aquí, que ya pagamos por todo, lo último que nos faltaba es que el 94,5% de los españoles que no pertenecemos a la clase media del millón de euros tuviéramos que pagar aún más. Señores políticos, gestionen mejor lo que ingresan y déjense de malgastar nuestro dinero. Lo dicho, my banker is rich…

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