EL AULLIDO
Blues de Villaquilambre
Ouna tibia, minoritaria y conmovedora manifestación de ciudadanos con silbatos y pancartas y razones con la que me encuentro en la Estación de Autobuses de León. Protestan contra la supresión de autocares —me encanta esta provinciana palabra— que van y vienen del alfoz, en concreto de Villaquilambre, y exhiben a tal efecto metafísicas consignas del tipo «para el despilfarro no hay crisis»… Como diría el poeta César Vallejo, son pocos pero son.
La impagable movilización vecinal contra los recortes del Ayuntamiento de Villaquilambre y la Junta de Castilla y León en materia de transporte público así, bien mirada, parece tan inútil como necesaria; algo como que las cosas tengan que ser redondas para rodar.
No es nada nuevo bajo el sol abrasador: la sociedad civil se manifiesta, y el cielo calla, y los políticos también acaso porque les da igual si no hay prontas elecciones. Y es que, como dejó escrito con su habitual fibra moral Jorge Riechmann, hay algo triste en las manifestaciones y ese algo debe de ser la puesta en común de la impotencia.
Salen a la calle de mañana las amas de casa y los jubilados a exhibir la dignidad de la protesta, de la disconformidad, pero es como si estuvieran hablando en tono bajo para oídos que están muy lejos: todo lo que dicen con buena salud democrática resulta casi inaudible desde la alta poltrona.
Uno ve esta pintoresca manifestación, hace acopio de sensaciones insólitas y se pregunta si los políticos se dan cuenta de que reducir la frecuencia de los autobuses, o suprimirlos, equivale a hacer que la crisis se cebe un poco más con los débiles.
Igualmente uno se pregunta si los dirigentes de la municipalidad y la Junta han reparado en que Villaquilambre —y aledaños adyacentes— es ya una ciudad con lo mejor de lo urbano sin perder lo mejor de lo rural, pero, sin autobuses, se convierte de nuevo en un pueblo (desde que tengo uso de razón siempre hay una crisis de algo: ¿para cuando una gran crisis en el sueldo de los políticos?).
Qué es una manifestación para el abusivo esplendor de la política sino una inane sombra de discrepancia; algo así como que te disparen un tiro en la pierna de un primo lejano.
Y sin embargo desde aquí queremos amplificar la voz de esos manifestantes escasos en número pero no en razones y mucho menos en dignidad; queremos sumarnos a esa voz, concelebrar su salmódica protesta, y, como un coro nocturno de borrachos que fueran felices, queremos ponernos juntos a cantar desafinadamente a altas horas el Blues de Villaquilambre en la ventana de sus munípices… ¡Y que no se duerman!